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Concepción Arenal (I)

a catalana Anna Caballé, autora de un reciente libro sobre Concepción Arenal, a la que considera la figura más relevante del pensamiento español del s.XIX, ha realizado un completo trabajo subrayando su originalidad, profundidad y el destacado espíritu ético que la caracterizan. Aunque da cierta tristeza que en Galicia y especialmente en Ferrol, donde nació, nadie haya estudiado tan ampliamente la vida y obra de esta ferrolana, también se pone de manifiesto que, aunque algunos lo obvien, en España tenemos un patrimonio cultural común, por lo que no solo desde Cataluña se interesan por una egregia gallega, sino que también la Fundación Juan March ha subvencionado el libro de Caballé. Lo mismo ocurre con la figura de Emilia Pardo Bazán, estudiada últimamente por la extremeña Isabel Burdiel, en un libro también patrocinado por la Fundación Juan March.
El estudio exhaustivo realizado por Anna Caballé merece todos los plácemes -(ha recibido recientemente el premio Nacional de Historia)-, pero solamente intentaré alguna aportación desde una óptica histórica y ferrolana. No se puede entender a Concepción Arenal sin tener en cuenta la época que le tocó vivir. Fue una época convulsa en toda Europa: tras la derrota de Napoleón, quien en parte defendió los principios revolucionarios, la vuelta al Antiguo Régimen, la división política entre conservadores y liberales y sus múltiples divisiones, reformistas y revolucionarios, entre republicanos y monárquicos, los nacionalismos y sus guerras. Todo esto repercute en España, a lo que se añade su mayor atraso cultural y económico con relación a otros países europeos. La desestabilización se acentuó con el conflicto carlista que no es solo dinástico ya que a la causa del pretendiente Carlos se unen la defensa de los privilegios de las regiones forales, los intereses eclesiásticos y el rechazo del liberalismo moderado, base de la defensa de Isabel II.
Los golpes de Estado, la participación de los militares en la política, la redacción de múltiples constituciones, el ensayo fallido de la República, el nacionalismo llevado a sus últimas consecuencias anarquizantes en la revuelta cantonal, todo ello motivó constantes enfrentamientos no solamente en el plano político ya que trascendían totalmente a toda la sociedad. El padre de Concepción Arenal era de origen noble, oficial del ejército y abogado, y como consecuencia del absolutismo implantado por Fernando VII, estuvo procesado durante la década absolutista por defender la Constitución de Cádiz. El triunfo de los liberales en 1820 ( año en el que nació Concepción Arenal) motivó que fuese rehabilitado. Pero duró poco la situación porque en 1823 Fernando VII vuelve a imponer el absolutismo y el padre de Concepción Arenal es desterrado a una aldea, cerca de Puentedeume, donde vive tres años y es separado del cuerpo de oficiales. Es decir que siendo muy niña sufre la persecución contra su padre, lo que repercutirá en ella toda su vida y a pesar de la temprana muerte de este, -en 1829-, mantuvo siempre una especial adoración hacia él y el recuerdo de la injusticia sufrida. 
Concepción Arenal hereda de su padre la ideología liberal con su intrínseco racionalismo, que viene dado también de su herencia ferrolana, ya que todavía un siglo después otro ferrolano Torrente Ballester señaló como una de las dos bases de su obra el racionalismo propio del ámbito ferrolano, en continuidad con la Ilustración, vinculada a la ciudad desde su creación en el siglo XVIII. La madre de Arenal era de una familia ferrolana de la baja nobleza, con la típica mentalidad femenina de la época, ajena a todo racionalismo puesto que la educación de las mujeres se limitaba a la formación religiosa y a los trabajos de la casa. El clasismo social era más acentuado que en otras ciudades gallegas ya que las distintas jerarquías militares constituían un espejo para la jerarquización social y en el ámbito femenino el origen noble de muchas mujeres de los mandos de la Armada estaba unido a un notable refinamiento estético. Aunque su pretendida superioridad motivó que calificasen de “pichoneras” a las mujeres de sectores sociales inferiores, quienes por mimetismo hacia ellas se engalanaban con plumas de pichón y no con las de aves exóticas que ellas lucían.
La persecución sufrida por el padre de Concepción Arenal puede haber contribuido en ella a su rechazo del clasismo dominante en su ambiente, incluidas sus preferencias estéticas. Y lo manifiesta en su propia imagen, prescindiendo de toda frivolidad, lo que puede considerarse una avanzada postura feminista que le distanció de su madre. Toma así partido en contra de una característica del ámbito militar ferrolano, que es la valoración de la belleza, patente todavía, ya que al contrario del sector civil que no supo conservar la belleza histórica de la ciudad, permitiendo la destrucción de parte de su patrimonio histórico, el sector militar sí conservó el suyo, gracias a lo cual, hoy Ferrol puede aspirar a ser Patrimonio de la Humanidad. 
Torrente afirmó que la otra base de su obra, el mundo mágico, lo recibió de su aldea ferrolana de Serantes. En Concepción Arenal la base de su obra ajena al racionalismo no ha sido el mundo mágico galaico, sino la religión. Independientemente de la religiosidad recibida de su familia, especialmente de su madre ya que era normalmente la transmisora familiar de las creencias religiosas, las circunstancias dolorosas de su vida propiciaron que encontrase refugio en la religiosidad que constituía un pilar muy sólido especialmente para las mujeres, cuya educación espiritual se centraba fundamentalmente en la religión. El sentido cristiano de la vida propio de la época perduró en ella y conjugó la tradición cristiana de ayuda a los necesitados, con las nuevas ideologías sociales, sin llegar a sobrepasar la línea roja hacia ideas avanzadas. A Carlos Marx le llamó el Gran Blasfemo y en “Cartas a un obrero” dice que “el nombre de la Internacional es alarmante, terrible”. La doble herencia de racionalismo y religiosidad, recibida de sus padres y del ámbito ferrolano, le produjo contradicciones, ya que si bien mantuvo siempre su fidelidad a la Iglesia, criticó su postura crítica de rechazo a la ciencia o a las nuevas corrientes de pensamiento y, por otra parte, a pesar de vivir en un siglo muy innovador en el que surgieron nuevas corrientes de pensamiento, su racionalismo no fue muy lejos, al distanciarse de las más radicales. De ahí que hoy en día se le considere avanzada en los temas de feminismo y derechos humanos, pero arcaica por no haber sobrepasado dicha línea roja. 
Al morir su padre, la madre y sus tres hijas se trasladan a la casa de su abuela paterna en Armaño, Cantabria. Allí muere una de sus hermanas, muerte que añadida a la de su padre estará en la base del sentimiento trágico de la vida que conformó su personalidad. Y comienza así el largo peregrinaje de su vida por distintos lugares porque cinco años después se traslada a Madrid, donde muere su madre. Ante la nueva pérdida, sufre al mismo tiempo la amargura de cierto sentimiento de culpabilidad por sus desavenencias con ella. Tiene veinte y un años, está libre y su afán de saber motiva su asistencia a clases en la Universidad, vistiendo una simple indumentaria que le daba apariencia masculina, quizá por el rechazo que le suscitaba la tradición estética femenina que su madre encarnaba, sino también por la prohibición a las mujeres de acceder a la Universidad.
Y ya siempre adoptará un sencillo atuendo carente de toda coquetería, lo que no impidió su atractivo, basado en su talento y su belleza. Tuvo múltiples relaciones amistosas con destacados intelectuales y se casó con un abogado prestigioso, Fernando García Carrasco, con el que tuvo tres hijos, de los que la mayor muere a los dos años. La muerte le persigue porque seis años después muere su marido. Dejó escrita su reflexión ante tanta desgracia,”el más feroz animal no atormenta tan horriblemente a su víctima antes de inmolarla como la Naturaleza al hombre antes de volverle al polvo de dónde salió”. Como consecuencia se intensificó su sentimiento trágico de la vida y sufrió depresiones, pero también superó su dolor considerando que enseña al individuo a superarse y a mejorar éticamente. 
Entabló amistad con Juana de Vega, condesa de Espoz y Mina, con la que coincidió durante su estancia de cuatro años en Coruña, empatizando totalmente en su dedicación a la beneficencia, tema que Arenal abordó ampliamente en el plano teórico, aportando nuevos enfoques muy pensados desde el punto de vista ético, siendo sus obras muy valoradas en toda Europa. Además de sus colaboraciones en la revista “La Iberia” y después en “La voz de la caridad”, escribió “ La beneficencia, la filantropía y la caridad”, “El visitador del pobre”, “Cartas a un obrero”, “Ensayo sobre el derecho de gentes”. A pesar de su preocupación por estos temas que hoy tendrían más un carácter político, ella rechazó claramente la actividad política y pese a su avanzado feminismo, no estaba de acuerdo con la participación de las mujeres en la política. Su originalidad de pensamiento en los temas penalistas, en los derechos humanos o en la igualdad de la mujer fue motivo de admiración por parte de muchos contemporáneos y recibió diversos premios que no iba a recoger, ya que aunque era consciente de su valía, nunca tuvo ánimo de figurar y era de una extremada discreción. Su máxima tan repetida “Odia el delito, pero compadece al delincuente” trascendió incluso a la literatura, como se refleja en “La familia de Pascual Duarte” de Camilo José Cela. 
“La mujer del porvenir” , “La mujer en su casa”, “Estado actual de la mujer en España” o “La educación de la mujer” contienen sus ideas feministas, de una gran importancia histórica y valentía por su parte. Incluso con su imagen ha marcado una pauta que más de un siglo después no ha llegado a implantarse ya que rechazó toda la frivolidad y esteticismo imperante en el mundo femenino que tanto tiempo nos hace perder a las mujeres pero que también tiene su lado positivo dada la implícita valoración de la belleza. Esta postura radical suponía un rechazo hacia la tradición femenina y de la mentalidad materna, habiendo sido la causa de los enfrentamientos con su madre, ya que dada la tradición de su sector social, no admitía el comportamiento de su hija. Frente a las bases ferrolanas de su obra, el racionalismo y la religiosidad, por el contrario reacciona contra la tradición estética femenina ferrolana hasta un extremo insólito. 
Todavía tuvo que sufrir una nueva muerte de un allegado. Muere uno de sus dos hijos, Ramón, cuando ya ella tenía 64 años. Tuvo la suerte de vivir sus últimos años con su hijo Fernando, muy unido a ella y con el que vivió en distintas ciudades hasta su muerte a la edad de 73 años. 
Es motivo de reflexión el por qué las tres mujeres más destacas del siglo XIX en España, Concepción Arenal, Rosalía de Castro y Emilia Pardo Bazán, hayan sido gallegas. También es destacable que algunos de los grandes escritores contemporáneos, Valle Inclán, Cela, Cunqueiro y Torrente Ballester lo sean. Todos ellos, hayan escrito en gallego o en castellano, son profundamente gallegos, (asi lo consideraba Castelao respecto a Valle Inclán), ya que en sus obras late la tradicional cultura gallega. 
Hay paralelismo entre Emilia Pardo Bazán, Rosalía de Castro y Concepción Arenal . Si bien dijo Concepción Arenal que “la formación que se da en España a las niñas es el arte de perder el tiempo”, ya que era prácticamente nula, las tres eran de familia noble y en el ámbito de su clase, sus padres recibían formación cultural que en mayor o menor medida compartían con sus hijas. Dada su inteligencia natural terminaron teniendo una amplia preparación cultural que se refleja en su obra, como lo era el conocimiento de las distintas corrientes filosóficas de la época. Las tres tuvieron una relación próxima con el krausismo, importado por la Institución Libre de Enseñanza, caracterizado por el liberalismo que Rosalía radicaliza por la influencia del republicanismo de Murguía, su marido. En las tres la religiosidad recibida en su educación ha sido un componente importante de su personalidad, con un hondo sentido cristiano en Concepción Arenal, aunque en ninguna de ellas les impedía ejercer su sentido crítico hacia la Iglesia Católica.
Desde su posición de clase, se explica que rechazasen tanto la nueva clase burguesa, (desde un punto de vista más social que político, de crítica al nuevo rico), como las nuevas tendencias políticas radicales a favor del proletariado. Y las tres fueron fervientes defensoras de la igualdad de las mujeres. Pero entre Concepción Arenal y Rosalía de Castro el paralelismo es mayor. Ambas fueron defensoras de los necesitados y tienen un sentimiento trágico de la vida que ha sido explicado por distintos factores: entre ellos la psicología galaica o el fracaso de sus ideologías. Pero las particulares circunstancias de la vida de ambas son suficiente causa. La muerte les asedió y en el caso de Rosalía, además de habérsele muerto también dos hijos, el estigma de haber sido hija de soltera y además de un cura, era suficiente en la época para considerar la vida un valle de lágrimas. La “negra sombra” de Rosalía se acentuó con sus enfermedades, y en los últimos años con el tema del gallego, por lo que decidió no volver a escribirlo. Por todo ello, Torrente Ballester afirma que ha sido la experiencia humana de Rosalía la base de su obra. De todas formas Rosalía y Concepción Arenal superaron las amarguras con su talento y su creatividad. 
Es un honor para Ferrol haber sido la cuna de Concepción Arenal y fuente en cierta medida de su pensamiento. En homenaje se le dedicó una de las mejores esculturas que decoran la ciudad, obra del importante escultor ourensano 

Concepción Arenal (I)

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