Daniel Merlín, en Moretart

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La galería Moretart ofrece una muestra del pintor argentino Daniel Merlín (Buenos Aires 1985) que se ha formado en la FETC (Fundación para la Evolución del Talento y la Creatividad) de su ciudad natal y con los artistas Álvaro Sellés y Emma Gans en Madrid. Cuenta en su haber con premios como el prestigioso de pintura de BMN de 2014, que recibió de manos de la reina Sofía, por un retrato del dramaturgo Samuel Beckett que estaba en la línea de los que ahora presenta en A Coruña, bajo el epígrafe de “Mitos”.
Se trata de conocidos personajes, como Einstein, Nicholson, Bob Dylan, Mick Jagger, Mastroiani o Eastwood, cuyos rostros, en hiperbólicas dimensiones que van desde uno a más de dos metros, se nos aparecen con impactante verismo. Daniel Merlín –como el homónimo mago al que alude su apellido– juega a las trasformaciones sorprendentes, convirtiendo troceados restos de dibujos y pinturas sobre papel en texturas del color de la carne, con los que va componiendo rostros de proporcionada arquitectura, pese al desmesurado tamaño, con sus juegos de luces y de sombras. Su planteamiento plástico, aunque ceñido al realismo, tiene aspectos expresionistas, al menos en cuanto a la técnica empleada, donde lo matérico tiene un importante papel y en la que priman los juegos de contrastes.
Es aquí sobre todo, en la antítesis visual que generan los enormes y lisos perfiles negros de la figura que sale del fondo del cuadro y las texturas carnosas que dibujan los innúmeros collages del papel con que construye el rostro, donde radica el impacto de estas obras. Todos los personajes, un tanto a la manera barroca, parecen así salir de la oscuridad, de la noche; todos además llevan la marca del tiempo, pues tienen pliegues, recovecos y arrugas que denotan almas trabajadas por la experiencia vital, también hacen gestos característicos que revelan su personalidad: adusto Eastwood, jocoso Nicholson, serio y reconcentrado Dylan, vociferador Mick Jagger, reflexivo Einstein.
Muy importante es, en esta búsqueda de expresividad, la contención con que trabaja el color, manteniéndose en zonas de baja saturación de colores complementarios, en tonalidades que van del los tonos tierra a una amplia variedad de gris; de tal modo que parece que está modelando el barro original, la tierra adámica y hay, por cierto, algo de escultórico en los relieves conseguidos.
Se dijera también que quiere hacer un viaje por el siglo veinte, desde el más anciano Einstein, con el que se inaugura una nueva concepción del universo, hasta la más joven Claudia, –la única mujer en el grupo, por cierto–, cuya belleza serena pone el contrapunto a los otros experimentados o dolientes retratos. Estos son, pues, hijos de nuestro tiempo, son nuestros mitos y, a la postre, son nuestro propio rostro.

Daniel Merlín, en Moretart