Nadie ve lo que ve Sánchez

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Susana Díaz “no ve” un gobierno de coalición con Podemos. No es la única. En realidad, ver, lo que se dice ver, nadie ve, ni se imagina, un gobierno de coalición PSOE-Podemos, esos partidos tan antitéticos pese a la percepción en contrario de Sánchez e Iglesias, que son los únicos que, impelidos por sus sedientos egos, parecen “ver” esa coalición. Sí verían muchos, en cambio, un gobierno de izquierda, de izquierda ilustrada, moderna, inequívoca, respetable y respetuosa, madura, valiente, que en vez de plantear la cuestión social como una lucha entre los de arriba y los de abajo, se planteara abolir la infame distancia entre ambos. Pero de los dos presuntos coaligados, al menos uno, Podemos, no es un partido de izquierda, sino otra cosa, vaya usted a saber qué.
Por lo demás, no es cosa nueva que las mejores causas atraigan a gente ni remotamente a la altura de ellas. Pasó siempre con la religiones y, a menudo, con la doctrinas sociales emancipadoras. Algo así parece ocurrir con Podemos: su teórico idealismo no se compagina ni con sus prácticas ni con la calidad de las personas que componen su núcleo dirigente, ávidas de acreditarse con su adscripción a una causa elevada. De ahí que buena parte de los ciudadanos pueda comulgar sin esfuerzo con los diagnósticos y las utopías de la formación universitaria, y, al mismo, experimentar una gran aversión hacia ella. Iglesias cae mal, y ese “caer” tiene su importancia en política, donde el factor humano es esencial.
Sánchez, que debe padecer una especie de síndrome de Estocolmo con Podemos, se ha inventado lo de consultar a “las bases” sus futuros pactos con este. Dejando a un lado que el PSOE no es un partido de “bases”, sino de electores, diríase que con ese pobre ardid asume la filosofía y las liturgias del partido de Iglesias, aunque por si las moscas, como hace éste, no otorga a la consulta el valor de vinculante. No es raro que Susana Díaz no lo vea, ni que no lo vea, salvo Sánchez en su obnubilación, nadie.

Nadie ve lo que ve Sánchez