EL CAMUFLAJE DEL MAL (II)

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El capitalismo es un modo de producción. A algunos lesmolesta que tanta gente lo confunda con el liberalismo, el cual, en principio,entraña un planteamiento político. Sin embargo, ¿hasta qué punto está clara esta separación?¿No supuso el liberalismo, como ideología política, una justificación para que el modelo productivo capitalista entrase en la fiesta mostrando su mejor cara?  El liberalismo pregona la libertad del individuo, pero¿no es ese mismo individuo el que en libertad debe mostrase egoísta con respecto al bien de todos y en el seno de esa espacio sagrado, misterioso e impersonal que es el mercado? Ambas realidades históricas, la capitalista y la liberal, están muy confundidas y es imposible desligarlas de un plumazo sin caer en insultantes –e irritantes– simplificaciones.
Una de las últimas simplezas que escuché tuvo al escritor Mario Vargas Llosa de protagonista. En una conversación en la que el motivo principal de la charla era su nuevo libro acerca del malestar en la civilización –y es que Mr. Llosa prefiere hablar de civilización y no de cultura– este soltó el siguiente pensamiento (cito de memoria): “el capitalismo es una maquinaria muy fría, que genera egoísmo y que hay que contrarrestar con una muy rica vida espiritual”. Previamente, él mismo había aclarado que estaba a favor del capitalismo, el cual, según su particular optimismo, habíatraído un bienestar al hombre como este nunca había conocido anteriormente (supongo que estaría pensando en la maravillosa posibilidad que tiene hoy un niño africano o un pobre rumano de morirse de desnutrición, dejando una cuenta abierta en Facebook y un par de fotos felices).Pensamiento el del escritor peruano que, a mi juicio, redunda en la nada, en el puro “flatusvocis”, pero cuya flatulencia trivial describe algo importante de la complicidad doctrinaria que han mostrado el liberalismo y el capitalismo a lo largo de sus relaciones históricas.
Reconocer que un sistema de producción lo que produce es frialdad y egoísmo debiera bastar para buscar otro, sin recurrir a compensaciones espiritualistas que, como siempre, solo se plantean como redención posible, una vez que se sabe que serán pocos los que accederán a la posibilidad de “comprarse” un espíritu.
Sin embargo, en este caso no es suficiente, pues queda la posibilidad de leer a Proust o el Ulises de Joyce (ejemplos ambos citados por el escritor de Arequipa) y con eso, todo parece resolverse. Este maridaje entre un sistema que explota y una cultura que “enriquece” interiormente, ¿no es acaso una reformulación insólita de aquel supuesto divorcio entre capitalismo y liberalismo del que comenzamos hablando? Pero ¿cómo hablar de maridaje si lo que se planteó fue un divorcio? Pues porque, como ya dijimos, nunca existió realmente otra cosa que una unión perfecta entre ambas partes. Digamos que el divorcio solo fue una estrategia para ocultar la relación de las posibles miradas indiscretas y de los peligros que estas conllevan.
Lo mejor para acallar las denuncias contra un sistema que solo incentiva el interés económico es pregonar las virtudes de un modelo cultural que promete sobre el papel lo que traiciona y viola en la piel nuestra de cada día.  Un discurso semejante tiene, además, la ventaja de no comprometer a nada, pues uno puede elogiar cualidades que no aceptaría parasí.
Es fácil hablar de compensar el sufrimiento, la precariedad y la frustración, desde la descompensación de la fortuna –diosa que siempre fue caprichosa– y desde el goce más banal de los privilegios mundanos. Pero, yo pregunto, ¿quién puede saborear la grandeza de Proust –que va másallá de su insipidez argumental- o el genio de Joyce –que también fue el de un hombre que derrochó el dinero, cantó para vivir y bebió para morir- en una época que educa para producir y ser libre al tiempo que para perder el trabajo, la casa y desear la muerte?¿Estaría Mr. Llosa dispuesto a perder todos sus privilegios y morder el polvo solo para probar, desde lo más bajo, que su deseada compensación funciona y que es capaz de amar la vida por encima de la hostil indiferencia de ese sistema frío y egoísta que tanto defiende?
Para unos, el capitalismo es un modo de producción. Para otros solo es el eficaz sistema que los destruye lentamente…

EL CAMUFLAJE DEL MAL (II)