NECESIDADES Y PROGRESO

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El aumento en cantidad, calidad e importancia de las necesidades humanas es el motor fundamental de la cultura y civilización universales. Esta afirmación viene avalada por la enseñanza y experiencia históricas. Las sociedades y los pueblos que no han superado la fase de las necesidades primarias, para subsistir, permanecen estancados en el atraso y el subdesarrollo.
La razón de lo expuesto consiste en que el ser humano no sólo tiene necesidades desde que nace y las siente antes que cualquiera otra, sino que además, es el único ser capaz de crear nuevas necesidades. El resto de los seres vivos tienen un catálogo fijo de necesidades que son permanentes e invariables desde que nacen hasta que mueren. El hombre, en cambio, es el único ser de la creación que tiene la facultad de crear nuevas necesidades y en esta capacidad reside su grandeza y ansia de mejora y perfeccionamiento. El hombre más culto y civilizado es, precisamente, el que más necesidades es capaz de crear, sufrir, sentir y satisfacer. Por eso los políticos tratan de promover  nuevas necesidades entre sus ciudadanos, conscientes de que toda necesidad consiste en una sensación desagradable unida al deseo de satisfacerla.
Robinson Crusoe en su isla desierta no experimenta más necesidades que las puramente materiales, físicas o fisiológicas y éstas son siempre limitadas, hasta el punto de que su abuso o exceso, rebasados ciertos límites, las convierte en dolorosas y perjudiciales. Distinto es el caso del que vive en una gran urbe. En este caso, las personas, una vez cubiertas sus necesidades básicas, aspiran a satisfacer otras necesidades inmateriales y que, prácticamente, no tienen límite.
Ejemplo de lo anterior, puede ser el ansia de saber, el afán de acumular riqueza, el deseo de poder o el de adquirir el mayor goce y disfrute posible de orden cultural, artístico, social y económico. Estas últimas necesidades, si no se alcanzan, producen en los que las pretenden, disgusto e infelicidad.
Las necesidades aludidas corren el riesgo de que quien las consiga incurra en el abuso y desprecio a los demás. Así, el rico se hace avaro y codicioso; el poderoso, soberbio y despótico; el político, infalible e insustituible y el fuerte, dominante y opresor.
Fomentar las necesidades es, sin lugar a dudas, confiar en la capacidad de las personas y en los efectos beneficiosos que puedan producir para el progreso y avance de los pueblos.
Es cierto que en la vida de las personas, los fines y objetivos que aspiran a conseguir, no están predeterminados ni su cumplimiento es fatal e inevitable. Puede alcanzarlos o no; pero es libre de proponérselo. Y en esa potencial capacidad de elección, aunque no de ejecución o cumplimiento, radica la libertad como cualidad exclusiva del ser humano. Quatrefragues decía que “cuando el hombre tuvo lo necesario, entonces empezó a pensar en lo superfluo”, confirmando  la idea de que hacer necesario lo que antes era superfluo, contribuye al avance y progreso de la humanidad. 

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