Defraudar es de héroes

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Si a cualquiera de nosotros, ciudadanos anónimos, nos detuviera la policía por haber matado a alguien o atracado un banco, por poner un ejemplo, sentiríamos, además del peso de la Ley, el escarnio público de los demás. El vecino ya no nos miraría igual, los conocidos nos dejarían de saludar, y los amigos, sin duda, se distanciarían de nosotros. 
En su consideración general, ser condenado por cometer un delito, se considera lo más bajo. Ah, pero no todos los delitos son iguales. Porque, si en lugar de atracar un banco, o robar un bolso, atracamos al Estado, la cosa cambia. Sucedería justamente lo contrario. Es posible que el peso de la Ley cayera sobre nosotros, aunque menos. Pero la sociedad, conocidos, amigos y saludados, nos subiría a los altares. Nos convertirían en héroes. Esto es lo que ha pasado con la condena al señor Messi. La Audiencia Provincial de Barcelona le ha condenado a 21 meses de prisión por tres delitos fiscales. Por defraudar (robar) 4,1 millones de euros a Hacienda durante los ejercicios 2007, 2008 y 2009, al no haber tributado en España los ingresos de 10,1 millones de euros, percibidos durante ese periodo. 
El club ya había mostrado su indignación por la sentencia, pero además, dio un comunicado público en el que muestra su total apoyo al jugador argentino del FC Barcelona. “El Club, considera que el jugador, que ya regularizó su situación ante la Agencia Tributaria española, no tiene ningún tipo de responsabilidad penal en relación con los hechos objeto de este procedimiento”. Vamos, que es como decir, que aunque has atracado un Banco, como has devuelto la pasta, ya está todo saneado y quítame allá esas pajas que mi honor está por encima de todo eso. Que soy uno de los grandes y ya está bien de tanta mandanga. Ya no hay hecho punible. Ya no hay delito. Además, el FC Barcelona le apoyará en todas aquellas iniciativas que decida emprender en defensa de su “honorabilidad” y de sus “legítimos intereses”. Concepto particular del honor muy sobrevalorado. 
Con independencia de que sea mejor o peor jugador, nadie debe tener patente de corso para robar al Estado, aunque suene impopular. Ni siquiera Messi. ¿Por qué al atleta Pistorius no le alabamos y apoyamos igual, por ser tan buen deportista, aunque haya matado a su novia? La respuesta es simple: defraudar es de héroes, algo para aplaudir. Pero eso sí, matar es de villanos.  
La cultura del fraude está instalada en nuestro país, y sus máximos exponentes son la clase política que nos gobierna. En lugar de ofrecer una conducta ejemplar, fomentan el trinque a las arcas públicas. Obras de una sede por valor de casi un millón de euros abonadas en dinero no regular, dinero B. Obras del Ave adjudicadas a dedo, que se dan como noticia, a sabiendas de que la verdadera noticia impactante seria la contraria. Dirigentes que falsean su currículo, cajas de ahorro arruinadas porque los ladrones trabajaban dentro, pero que luego papá Estado rescata por aquello del “bien común”. Luego, estos dignos personajes, hacen obras de caridad y/o participan en mercados benéficos, con gesto impoluto de empatía por el prójimo, al que previamente han tangado. Y cuando les preguntan responden que no saben nada del asunto, que les suena raro eso del paraíso fiscal, que son de letras, es cosa de su asesor o de su abogado, no se ocupaban del asunto, etc. 
Vamos, que mientras el delito fiscal, además de ser castigado judicialmente, no sea objeto de escarnio público y rechazo social, no tenemos nada que hacer. La cultura picara, y del trapicheo campa a sus anchas. Y quien debe dar una conducta ejemplar al ciudadano, no solo no lo hace sino que incluso lo potencia. 
Así pues, que nadie se extrañe de porqué la corrupción no tiene reflejo alguno en las urnas. No lo tiene porque esto es algo tan habitual, y tan corriente, que ser honrado y pagar tus impuestos te convierte en un mindundi. Se reirá de ti hasta tu familia. Triste pero real. 
 

Defraudar es de héroes