REFUGIADOS

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La Europa que tratan de vendernos no existe, quizá nunca existió. La tragedia que están viviendo los refugiados, producto del intervencionismo bélico de algunos gobiernos europeos, nos enseña el verdadero rostro de Europa. La real. No la que, inocentemente, hemos llegado a imaginar; nos muestra hasta donde llega su demagogia y su contumaz hipocresía.
Muchos se preguntarán, ¿qué es Europa? La respuesta es simple: una falsa ilusión. En materia de refugiados nadie se pone de acuerdo. Estorban. Pero sobre todo, restan muchos votos. 
Nadie quiere aceptar que esos refugiados fueron creados –o ayudados a crear– por la propia Europa. Son el resultado del fariseísmo político, de un cinismo sin precedentes, de pactos ignominiosos, como el que hizo recientemente la señora Merkel con Turquía. 
Mal que nos pese, ese es el verdadero rostro político de Europa. ¿Cómo puede esta señora y sus edecanes pretender resolver el problema si todavía existen refugiados europeos en la propia Europa? Nos referimos a los que hay de las guerras de los Balcanes. Es decir, ¡de hace veinte años! En la pequeña Serbia –aunque nadie lo mencione– hay cerca de un millón. Allí viven unos doscientos cincuenta mil serbios étnicos que fueron expulsados “manu militari” –con la complicidad de las autoridades europeas– de Croacia. 
Lo triste es que a día de hoy todavía no han podido regresar a sus casas. Son los expatriados invisibles, de los que nadie habla. Ningún organismo europeo alzó la voz en favor de todo esos miles de refugiados. 
Tanto en Bruselas como en el Parlamento Europeo se callan. Es un silencio sospechoso. Y, obviamente, tampoco están en la agenda política de la señora Merkel. Pero a esa lista de los Balcanes hay que añadir otra más: la del millón y medio de refugiados del conflicto ucraniano que se marcharon para Rusia, de los cuales tampoco nadie habla. Pero así funciona Europa. 
 La Europa “oficial” tiene poco ver con la real. La crisis económica, y ahora el problema de los refugiados, abrieron la caja de Pandora. En realidad, quedaron al descubierto las carencias democráticas, la ausencia de transparencia, las agendas ocultas de algunos miembros, y también las puñaladas traperas. 
En todo caso, los problemas europeos no se circunscriben sólo a los refugiados, van mucho más allá. En materia económica tampoco las cosas  marchan bien, empeoran incluso. 
Por otro lado, la mayoría de los países están muy endeudados, tanto que sus deudas son impagables. La deuda pública del Reino Unido sobrepasa los nueve billones de dólares, siguiéndole las de Francia y Alemania con más de cinco billones cada una. La de España supera ya los dos billones. Lo curioso es que nadie habla del asunto, de cómo se van a pagar.  
Es obvio que el proyecto europeo no funciona. Es más, ha fracasado. La integración –al menos la real– es un relato fabulesco. Puro marketing. Nada se puede esperar de una Unión que se somete al chantaje del señor Erdorgan, que es incapaz de criticarlo, a pesar de que ese gobernante está masacrando a los kurdos y encarcelando a los periodistas que osan criticar sus acciones. Como dijo el columnista Paul Mason, del periódico inglés The Guardian, “cuanto más insista la Comisión Europea en darle la entrada a Turquía más países querrán abandonarla”.  
El pacto que hizo Europa con Erdogan –o para ser más exactos, el que hizo la señora Merkel– es a todas luces repugnante, infame, demuestra que la UE entró en la quiebra moral. Que es ya lo último que le podía haber ocurrido. De una Europa así, que no tiene reparos ni escrúpulos para pactar cualquier cosa, que ha cambiado la vergüenza por la desvergüenza, no se puede esperar ser optimista. 
De ese tipo de conducta se desprende que la crisis que enfrenta la UE no es sólo económica, sino también moral, por lo tanto, más preocupante.
En Bruselas –y también en Berlín– mejor sería que redactaran una nueva “hoja de ruta” para modificar el destino de Europa, para construir otra diferente, más democrática, con otros principios. La que tenemos se ha degradado de tal manera que es insostenible. Sobre todo es inaceptable.
 

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