Revisión al mañana (y II)

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El empeño debiera ser otro, más allá del bienestar propio; pues, a veces, es la realidad misma la que clama y se rebela asimismo.
Es cierto que cada jornada vivida le alcanzan sus temores y que no hay que anticipar los de mañana; pero, realmente, el futuro siempre se ha dicho que cae del aliento de los críos que van a la escuela. Por eso, es importante que los educadores tomen conciencia de que su responsabilidad tiene que ver más que con referencia a programas y contenidos, que también, pero sin obviar, de ningún modo, esas dimensiones morales, espirituales y sociales, que son las que verdaderamente nos humanizan. 

Creo que esto además es la gran asignatura pendiente. Cultivar estas actitudes nos harán crecer más por dentro, y por ende, seremos más copartícipes. En estos momentos, precisamente, cuando todo parece desmembrarse y diluirse en necedades absurdas, lo que se requiere es la capacidad de servicio y entrega a los demás; máxime en un instante en el que hemos de aunar esfuerzos para salvar vidas y atenuar la devastación social y económica de nuestros pueblos. 

Sin duda, una situación armónica es indispensable para facilitar el acceso humanitario en situaciones de vulnerabilidad y pobreza.

Despojémonos, por tanto, de nuestras miserias humanas y démonos una oportunidad a vivir en la quietud, con la creación de otro ambiente más de concordia. Fuera desavenencias. A propósito, el llamamiento lanzado este mismo año por el Secretario General de las 
Naciones Unidas en el que pedía un alto al fuego mundial para todos los conflictos, nos alegra que cuente ya con el respaldo de multitud de países. Este es uno de los muchos caminos a revisar para que no hablen más los artefactos. 

La puesta de un empuje abierto al mundo entero, acogiendo las diferencias y confluyendo en ellas, nos hará más  libres, pues todos tenemos algo que aportar a los demás.  La cátedra viviente ha de compartirse. Desde luego, que sí.

Revisión al mañana (y II)