ENVEJECEN EN CASA

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El Observatorio de la Emancipación que elabora el Consejo de la Juventud, organismo dependiente del Ministerio de Sanidad, se coló de rondón en el mes de agosto y pasó de puntillas sin que ningún político –del Gobierno o de la oposición– haya reparado en él siquiera para hacer unas reflexiones. Andan todos tan ocupados con los casos Bárcenas, los ERE, los sindicatos en Andalucía, Gibraltar y otras historias que no les queda tiempo para ocuparse de las consecuencias de la crisis en la población joven.  
Los datos son demoledores. El 77,9% de los jóvenes entre 16 y 29 años –en Galicia el 78,1%– vive en el hogar familiar. La edad media para abandonar la casa paterna ha caídos tres puntos con la crisis y ya supera los 30 años, y en la franja de edad de 30 a 34 años son decenas de miles los jóvenes que no han podido emanciparse.  
¿Por qué los jóvenes “envejecen” en casa de sus padres? “No hay otra explicación que la crisis y su principal secuela que es la falta de empleo”, dice Joffre López, el sociólogo autor del estudio. Según el Observatorio, el desempleo afecte a más de 1,8 millones de jóvenes menores de 30 años y a más de 895.000 de entre 30 y 34 años. “Muchas personas jóvenes han desaparecido del mercado laboral al no hacer ninguna gestión para buscar un trabajo”, dice el informe, y los que tienen la suerte de encontrarlo acceden al mercado laboral en condiciones de inestabilidad y precariedad laboral y salarial casi absolutas.
El paro, el empleo inestable y de baja calidad, que en muchos casos es una subocupación a tiempo parcial, los salarios precarios –su salario anual medio es de 13.695 euros–y los elevados precios de la vivienda convierten en misión imposible la emancipación de casi todos los jóvenes, que sigue siendo una meta casi inaccesible, una utopía para la mayoría de la juventud en España y han de permanecer en la casa paterna, afirmaba Sheyla Suárez, responsable de la Comisión Socioeconómica del Consejo de la Juventud.  
Los jóvenes reúnen en sí mismos todas las posibilidades biológicas e intelectuales para ejercer de elemento renovador y recambio de la sociedad. Pero tras siete años de crisis hay una generación perdida que conforman todos aquellos jóvenes que se han hecho adultos sin posibilidad alguna de poder emprender sus proyectos profesionales y familiares, sus propios proyectos vitales. Este es el verdadero problema de España y de Galicia.

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