Caso anunciado

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Dijeron los que pasaban por enterados que en Génova 13 nadie se lo esperaba. Ni la citación de Rajoy como testigo en el juicio de la Gürtel por la caja B del Partido Popular, ni la detención de Ignacio González. Difícil de creer.  Tal vez así pudo suceder en el primero de los episodios, habida cuenta de que en dos ocasiones anteriores el mismo tribunal no lo había considerado necesario. Pero en el otro, no.
Este segundo era un caso anunciado que llevaba tiempo sobrevolando sobre la cabeza del que fuera presidente de la Comunidad de Madrid y brazo derecho de Esperanza Aguirre y sobre el propio PP. Tan en ello estaba, además, medio mundo político y mediático que cámaras de televisión llevaban ya apostadas en las inmediaciones de la casa del interfecto desde un tiempo antes de que la Guardia Civil se personara por allí para llevárselo consigo. Y tan así fue, que el detenido salió del domicilio debidamente ataviado, como si por algún soplo solvente hubiera sabido de antemano no sólo el día, sino incluso la hora. 
Esto de las filtraciones está a la orden del día en determinados altos tribunales, y no pasa nada. Nadie se rasga las vestiduras. Pero en la presente ocasión las sospechas sobre quién podría haber alertado al expresidente madrileño se han centrado en el Gobierno o sus aledaños y eso son palabras mayores para la oposición si del PP se trata.  
Sea como fuere, lo cierto es que la detención de Ignacio González ha supuesto un cierto alivio para la dirección nacional del partido y para el propio Gobierno. En Génova 13 y Moncloa llevaban tiempo esperando un desenlace así. Además, las relaciones entre Rajoy y el expresidente madrileño nunca fueron buenas. Ya en 2009, este había hecho llegar a las instancias oportunas que quería la presidencia de Caja Madrid. Contaba con el apoyo de Esperanza Aguirre. Pero la cúpula del partido no movió un dedo a su favor y al final se decantó por Rodrigo Rato. Años después, en las autonómicas de 2015 Rajoy se lo quitó de en medio al optar por la candidatura de Cristina Cifuentes para Madrid.
Hay quien ha dicho, y me parece que no sin razón, que con el arresto de González la dirección nacional del PP querrá levantar un cordón desde el que se distingan con claridad dos eras: la del presente y futuro, ligada a Cifuentes y los nuevos barones, y la del pasado, representada por Esperanza Aguirre, que huele a corrupción. El problema para Rajoy es que se encuentra en el medio de ambos frentes.
El golpe, no obstante, para la hasta ahora incombustible lideresa ha sido tremendo: sus dos máximos colaboradores –González y Granados– andan por cárceles y calabozos y hasta una veintena de altos excargos del PP madrileño han acabado en los juzgados por casos de corrupción. La continuidad de Aguirre en primera fila de la política tiene mala defensa. 

Caso anunciado