CERCA DEL DESAMPARO

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Casi nadie cuestiona que una reforma laboral era necesaria porque con el marco de las relaciones laborales vigente hasta ahora los parados suman más de cinco millones, una cifra inaceptable, insostenible y hasta vergonzosa.

Pero ¿era esta la reforma que necesitaba el país? ¿Frenará el crecimiento del paro, facilitará la contratación y el dinamismo de la economía?

El tiempo lo dirá. Sí hay coincidencia en que esta normativa inaugura un nuevo modelo en el complejo mundo de las relaciones laborales, tanto para empresarios y sindicatos, como para los trabajadores y el Gobierno.

Los empresarios ya tienen lo que querían: el despido más fácil y barato y la potestad de fijar las condiciones salariales y laborales en función de sus intereses y conveniencia.

El futuro laboral de los trabajadores va a estar marcado por la incertidumbre en la empresa, la precariedad en el empleo y la inseguridad ante el porvenir

 

La reforma parece su regalo de Reyes y desaparecidas las rigideces del mercado, deberían contratar con la misma energía con la que despidieron.

Los sindicatos quieren negociar ahora después de años sentados en mesas negociadoras sin que aportaran ideas y propiciaran acuerdos para frenar la sangría del paro.

Atrincherados en el sector público y defendiendo los empleos fijos, su modelo sindical de protesta ya no sirve para representar a los trabajadores en el marco de la nueva reforma laboral que, quieran o no, saldrá del Parlamento con pocas modificaciones.

¿Y qué piensan los trabajadores de la reforma? El estado de ánimo de los que se manifestaron el pasado domingo y de los que se quedaron en casa es de abatimiento y desánimo. La reforma laboral acaba con todos los derechos conquistados en muchos lustros y cambia usos, costumbres, leyes y hasta vicios.

Ahora les espera un mercado laboral desregulado en el que los empresarios pueden modificar a su conveniencia y voluntad las condiciones laborales y salariales y despedir con soltura. Su futuro laboral va a estar marcado por la incertidumbre en la empresa, la precariedad en el empleo y la inseguridad ante el porvenir. ¿Cabe más desamparo?

En cuanto al Gobierno, defiende la nueva normativa laboral como “necesaria para evitar que seamos el país de Europa que más empleo destruye”. Ojala acierte, aunque todo indica que los beneficios de esta reforma, su gran apuesta, no aparecerán hasta que se reactive la economía.

Si esa reactivación tarda, el propio Gobierno quedará a los pies de los caballos, es decir, a los pies de una calle incendiada por frecuentes protestas sociales.

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