LUMINARIAS DEPOR

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Algunos no comprenden o no quieren comprender el fútbol. Les parece frívolo, inconsciente, simple circo para distraer al pueblo de otros problemas más importantes y decisivos. Lo enmarcan en aquella rebelión de masas anunciadas hace una porrada de años por el filósofo del “yo y mi circunstancia”.

Sin embargo, frente a predicciones tan agoreras y despectivas contra el espectáculo convendría recordarle que nuestro R.C. Deportivo de La Coruña constituye un motor básico de desarrollo económico, social y lúdico. Así enarbola ilusiones y esperanzas. Un año justo para corregir errores, alzarse del fracaso y disfrutar viaje en vagones de la compañía internacional “coches caja” y grandes expresos europeos. Codiciados campos paradisíacos. Gargantas roncas. Flamear de bufandas y banderas. Emociones y anhelos. Corazones desbocados.

Ha sido un itinerario duro la presente campaña. Muchos estamos agotados, sin fuerzas ni ideas… Sólo falta un empujoncito para que el equipo blanquiazul, nacido hace más de cien años en la desaparecida “Sala Calvet”, continúe la senda de aquellos señoritos que se hicieron “sportsmans” –hoy diríamos “sex-symbol” para mantener presencia física y elegancia moral. Son los mismos 34.600 aficionados que llenarán mañana Riazor y aplaudirán al club de sus amores para vencer al Huesca y alcanzar el último peldaño de la escalera mágica.

No queremos repartir la piel del oso antes de cazarlo, pero también sabemos que con malos resultados y otros felices se escriben los momentos estelares. Si acaso remedar la famosa chispa que cayó en el almacén de pólvora del ejército español en Ceriñola, al iniciarse la batalla, inutilizando la artillería, y que obligara al Gran Capitán “José Luis Oltra” a infundir a sus jugadores serenidad ante pasados partidos: “¡Ánimo! Estas son las luminarias de nuestra victoria…!”.

 

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