¡PELIGRO! ¡POLEN!

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Ha llegado la primavera. Y con ella también tos, ahogo, picor de nariz y ojos, mucosidad y dolor de cabeza. En resumen, han llegado las alergias al polen. En España un 30% de la población tiene algún tipo de alergia, la mayoría respiratorias. Los datos también hablan de que es una enfermedad al alza: en los últimos 15 años se han duplicado los diagnósticos. Sobre esto no hay que ser alarmista: No hay muchos más alérgicos, sino que han mejorado las formas para diagnosticarlos. Los síntomas, muy similares a los de otras enfermedades, dificultan su detección. Pero, pese a esa alta incidencia, el número de alergólogos en España apenas llega a 1,7 por cada cien mil habitantes, cuando la OMS recomienda un mínimo de 2. ¿Y que es la alergia? Según el diccionario es una patología crónica autoinmune, para la que no existe cura. Nuestro cuerpo reacciona ante las proteínas, que hay por ejemplo en el polen, como si estas supusieran un peligro. Así se desencadena una respuesta de ataque, como si fuera un virus. De ahí vienen todos los síntomas que antes detallamos. Sobre el origen de este fallo de nuestra sistema inmunitario hay muchas teorías. La última habla de una herencia del mestizaje entre humanos modernos y neandertales. Esta ayudó a reforzar y mejorar nuestro sistema inmunitario pero al mismo tiempo nos hizo más sensible a las alergias. Otros hablan de la excesiva higiene, la contaminación o las partículas de emisión diésel de los coches como factores de esta epidemia del siglo XXI. Poco importa sin embargo el origen. El caso es que llega la primavera y muchos son los que hacen acopio de antihistamínicos que les ayuden a sobrellevar estos meses. La lluvia puede suponer un alivio, al limpiar un poco el aire. Pero lo que se gana por un lado se pierde por otro: estas precipitaciones también favorecen la proliferación de plantas que polinizan más tarde, a finales de verano. Lo ideal sería una primera muy lluviosa y un verano en que las temperaturas subieran muy rápidamente, que hicieran que las floraciones durasen menos. Con todo, resulta curioso que no se destinen más fondos a la investigación para mejorar la calidad de vida de tantas personas. Las terapias genómicas que modifican nuestro ADN pueden aportar un rayo de esperanza, pero aun falta mucho para eso.
 

¡PELIGRO! ¡POLEN!