INMORTALIDAD DEL AMOR

|

Me dices que una crítica mía –“André y Dorine”, a cargo del grupo vasco Kulunica Teatro en el Rosalía de Castro e inspirado en el suicidio del filósofo André Gorz– te ha llenado de inquietud y, por contra, la película “La pesca del salmón de Yemen” te rebosa de esperanza… ¿Dónde radica el amor? ¿Existe? ¿Hay una edad para amar? ¿Es un engaño? ¿O un lento fluir de monotonías que se hacen imprescindibles hasta que nos apeamos del tranvía de la vida?

Recordemos cualquier rima de Bécquer o la desesperación de Schiller, “sólo conoce el amor quien ama sin esperanza”

 

No puedo contestarte. Soy más ignorante que tú. Prejuzgo en demasía. Mi tradición cristiana asegura que Dios creó a Adán para reconocer acto seguido “no es bueno que el hombre esté solo” y darle compañera. Ahí confluyen todas las corrientes religiosas, filosóficas, mitos y creencias tanto orientales como occidentales.

Teorías aparte, siempre soporíferas y latosas, recordemos cualquier rima de Bécquer o la desesperación de Schiller, “sólo conoce el amor quien ama sin esperanza”. Pese a eso, está el impacto, la atracción erótica con todas sus consecuencias o, si precisamos más correctamente, como enfermedad que casi siempre lleva a la cama.

Volvamos sobre nuestros pasos. El precedente dramático aludido descansa en una carta dirigida por Gorz a su compañera de fatigas, enferma de alzheimer y que devora sus recuerdos. La publicación alcanzó éxito resonante. A los dos años –“ninguno de los dos nos gustaría sobrevivir a la muerte del otro”– el destino cerró piadosamente los ojos de la pareja bajo un dosel generoso: “Acabas de cumplir ochenta y dos años. Has encogido seis centímetros, sólo pesas 45 kilos y sigues siendo bella, elegante y deseable. Hace cincuenta y ocho años que vivimos juntos y te amo más que nunca…”.

¿Y también no es hermoso despertarse cada mañana, participando en la locura de que dos jóvenes –hombre y mujer y un iluso jeque árabe– se embarquen a la tarea de poblar de salmones los ríos de Yemen, en pleno desierto?

INMORTALIDAD DEL AMOR