Muchos españoles, muy españoles

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Esta ¿frase? repetida por el candidato del Partido Popular a la reelección tuvo una rotunda respuesta: la pérdida de más de sesenta sillones en el Congreso –ah, por cierto, ¿se sentará el señor De la Serna?– y, de rechazo –como esos balones que superan la portería y le dan un susto al señor de la grada– al PSOE, que siguió “cuesta abajo…” en el tango que se inició con la salida de Rubalcaba.
Hay muchos españoles que no pudieron votar –los testimonios difundidos por los medios convierten a España en un país tercermundista– y otro puñado de ciudadanos a quienes les pusieron el sobre en la mano una monjitas, unos cuidadores muy cuidadosos, y que ahora investigan los juzgados. 
Los que al final llegaron a la meta puesta en las urnas lo tenían claro: “nunca maís”. Y ahí están los resultados en todo el país, en general, y en esta parte, en particular, donde contra viento y marea una serie de ciudadanos consiguen llevar su bandera hasta la orilla. 
Naturalmente, los perdedores ya anunciaron la llegada de las siete plagas de Egipto y una más, jaleados por la caverna mediática que está en un “tris” de pedir otro golpe de… fuerza entre los que eran, el sábado, muchos y muy españoles.
Las cifras pueden retorcerse hasta límites insospechados, tal como hacen los contorsionistas, pero finalmente –que diría Mariano– un plato es un plato y un vaso, un vaso y perder más de sesenta escaños es quedarse, en muchos casos, sin plato y vaso para rebañar en los presupuestos.
Tiempo habrá para hablar “polo miudo” de estos resultados y analizar, con todos los datos, la jornada del 20-D,pero así a brocha gorda hay varias consecuencias que nadie puede discutir: fin del bipartidismo; llegada de dos fuerzas –las llaman emergentes, pero un servidor cree que fueron la respuesta a la forma de gobernar de quienes ocuparon, acotaron, usaron, el poder– con aire nuevo y, sobre todo, por el aliento de una sociedad que pasó de aquello de “resistiré” a algo más prosaico de “lucharé”. Qué atendiendo a una necesidad de la sociedad civil, pasaron de la calle a las instituciones y, con el respaldo de millones de ciudadanos (muchos españoles, muy españoles, de Galicia, Madrid, Andalucía, etc.) que quisieron enterrar una época, un sistema, una forma de ser y estar.
Falta ahora recorrer un camino lleno de trampas. No será fácil, pero ¿Cuándo los ciudadanos, la gente de a pie, lo tuvimos fácil?

Muchos españoles, muy españoles