Afición, pasión o necesidad

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i un día fueses capaz de olvidarte del coche y te dieses un paseo por la Madalena, te sorprendería ver, al menos a mi me sorprendió, que justo al contrario de lo que suele suceder, en esta ocasión había un nuevo establecimiento que algún intrépido decidió abrir para dedicarlo a obrador  de gaitas. Lo sorprendente no es que sea un establecimiento de este tipo, no, lo que sorprende es que Marcos, así se llama el artesano que bien por afición, pasión o necesidad, o por las tres cosas, haya sido capaz de hacer tamaña valentía, rompiendo con ello la dinámica de desaparición diaria de negocios por cierre de los mismos haciendo así que, contrariamente a lo que suele suceder, el balance de ese día fuese positivo. En los tiempos de crisis generalizada que corremos, de la que no damos salido, es más mucho me temo que cada vez es más acusada, hacer en Ferrol semejante hazaña, tiene mérito.
Mi intención era otra bien distinta, pero me picó la curiosidad y me detuve a observar el “obradoiro”, y sin pretenderlo me vi inmerso en una conversación con el propietario del establecimiento que, mira por donde, me disipó una serie de dudas relativas al instrumento que el fabrica siguiendo los pasos de su padre, que fue capaz de enfrascarlo en ese mundo mitad arte mitad afición, pero  a ello hemos de añadir una gran dosis de entusiasmo por el  oficio que durante años, esto no se aprende en un día, le fue inculcada por su profesor Antón Varela (1956-2017), a quien, por cierto,  hace tan solo unos días el Concello le dedicó un sentido homenaje póstumo poniéndole su nombre a  un parque en su Canido natal, muy cerca, casi lindante, con la casa donde nació y pasó su juventud, en la calle Insua.  Marcos heredó de su padre –Lolete– las dotes musicales y la sensibilidad suficiente como para sentir la música gallega como suya, y de su amigo Antón el arte y la experiencia necesaria como artesano gaitero.  
Mientras yo me afanaba en hacer algunas fotos del  artista y su obradoiro, Marcos, ante mi curiosidad, me explicaba todos los pormenores del oficio que requiere la conjunción de una mezcla de arte, maña, técnica y que se yo cuantas cosas más para su desempeño, hasta el punto que me atreví a preguntarle: ¿Oye, lo tuyo que es  afición, pasión o necesidad?, no lo pensó mucho, su respuesta fue pronta y escueta; las tres, me dijo. No sé si era lo que pretendía pero con su respuesta consiguió que mi curiosidad por conocer los pormenores del oficio fuese mayor si cabe. 
Sin perder de vista el cabezal del torno y la torreta que sujetaba la cuchilla, él, con habilidad y pericia pasmosas,  guiaba esta última para conformar un pedazo de madera amorfa  que ha  de terminar siendo un “puntero”.  Maderas especiales como el Buxo o el Granadillo, u otras mas “nobles” como el Palo de Santo o el Ébano, son la materia prima que utiliza para la fabricación de las gaitas que son elaboradas de forma artesanal.  Los punteros han de ser necesariamente iguales por razones lógicas de afinación, caso distinto son el resto de las partes de que se compone una gaita: La ronquilla, el ronquete, el chillón pequeño y es aquí donde la impronta del artesano toma un carácter especial, hasta el punto de que  Marcos, aun siendo cada gaita una pieza única, es capaz de diferenciar las que están fabricadas por él de cualquier otra. 
Hacer una gaita artesanalmente, me explicaba, supone cuando menos tres o cuatro días de dedicación continua, pero en realidad tardo más de un mes en hacer cada una de ellas ya que se debe seguir un proceso de elaboración muy meticuloso y que requiere tiempos de reposo muy prolongados en algunas de las fases de fabricación. Hacer estos agujeritos que aquí ves en el puntero,  así a primera vista solo son eso, pero requieren ser efectuados al milímetro, con precisión y en el lugar adecuado, después, requieren también un reposo de días para que la madera asiente y conseguir así el efecto deseado, que no es otro que conseguir un sonido perfecto. Pero no solo eso, las diferentes partes de las que se compone el instrumento exigen además otros tratamientos específicos: pintado, lijado, afinado,  y todos ellos requieren un período mayor o menor de reposo para conseguir el resultado pretendido. 
El único componente de la gaita que no está fabricado manualmente por Marcos es el fol o fuelle. Hace años se utilizaba una tripa animal para realizarlo, pero su utilización tenia algunos inconvenientes como la acumulación  de condensación en su interior, por lo que esta debía  ser  eliminaba con una purga al efecto.  El maestro gaitero y artesano Ricardo Portela (1920-1992) había solucionado el problema poniendo en el interior del fuelle una pequeña piedra cerámica que absorbía la humedad. A día de hoy este inconveniente está plenamente solucionado utilizando para ello fuelles de Goretex  que minimizan el choque térmico entre el aire ambiente y el soplado por el gaitero consiguiendo así evitar la condensación en su interior. Esto no es fruto de la casualidad, Marcos, director y componente de los grupos Agarimo y Os Estrobos, tiene delante de si un nuevo desafío del que sin duda habrá de salir airoso, ganas no le faltan, pero además tiene a su favor el profundo conocimiento de ese mundo en el que ahora comienza una nueva andadura comercial basada en los conocimientos que heredó de su padre por una parte y de su amigo por otra, fueron ellos quienes le inculcaron los conocimientos necesarios.

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