LA CEBOLLA

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Dicen de Urdangarín que “se declararía culpable si le condenaran solo a dos años de cárcel virtual, y además devolvería algo de la pasta que afanó” (dieciséis kilos de nada). Si está dispuesto a declararse culpable, será porque lo es, así se siente, o hay suficientes pruebas que lo demostrarían; sino, no lo haría.

Pero, de tal intención, hago estos razonamientos y preguntas. Si no se aceptan sus condiciones (al fin y al cabo ser yerno real pesa un huevo), y le condenaran a ocho añitos, por ejemplo, ¿devolvería la pasta, o no? Ahí no se pronuncia; de donde se desprende el razonamiento de que sabía que estaba robando, defraudando y/o malversando, y no declarando esa pasta a Hacienda, con todo conocimiento, y tira por tierra cualquier sentimiento suyo de lo que es honor. Pero, honor a parte, ir a la cárcel es otro cantar. Sobre todo, si no sabe cuánta condena le podría tocar.

Entiendo las cuitas del yernísimo; por cada año de “cárcel real” que le podría caer, perdería 1.000.000 de euros que le paga Telefónica por rascarse los huevos como consejero internacional. Pero si lo enchiqueran, Telefónica ahorraría ese millón anual que, en tiempos de crisis, viene como Dios.

Y mientras, su colega “advierte” de que tiene unos doscientos correos con visos de cosas comprometedoras principescas y reales (él tampoco quiere ir a la cárcel), que cascarían –aun más– la “Casa Irreal”. En esas cuitas está Torres-Dulce –capa a capa– pelando la cebolla.

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