CUESTIÓN DE VIDA O MUERTE

|

Esperanza Aguirre se ha quedado sola. La presidenta madrileña se descolgó con unas afirmaciones en las que recomendaba celebrar la final de la Copa del Rey a puerta cerrada para evitar que se silbe al himno o al príncipe. Un modo genial de matar mosquitos a cañonazos que, en el fondo, ha servido para lo que quería la “lideresa” del PP capitalino. Desde el día en el que dejó escapar su boutade nadie le ha vuelto a recordar su patética mentira, al presentar un déficit que, en realidad, era la mitad del verdadero.

En el sur se aprestan a vestir sus mejores galas para intentar seducir a los responsables de Pemex y demostrarles lo bien que saben hacer barcos

Por ello, no merece la pena ni perder un segundo más en semejante estupidez. Lo mejor es preguntarse qué motivos pueden llevar ahora a la SEPI a montar hasta tres comisiones para dilucidar si los astilleros ferrolanos deben tener o no un dique flotante. Existe una máxima que funciona tanto en política como en las grandes corporaciones y que asegura que si quieres que algo se estanque, crees una comisión para su funcionamiento.

Es evidente que la SEPI no tiene la más mínima intención de destinar ni un euro a la construcción de una infraestructura que es fundamental para toda una comarca. Lejos de ello, mareará la perdiz unos cuantos meses hasta que o se calmen los ánimos o se saque de su chistera otro conejo con el que distraernos.

Sobre los astilleros de Navantia en Galicia pesa ese extraño veto que les impide hasta 2015 dedicarse a la construcción civil. Nadie vio el documento en cuestión y si alguien lo hizo, no lo ha confesado, pero los hechos lo demuestran, como las meigas, el veto habelo, hailo. Así pues, los ferrolanos y, por supuesto, todos los gallegos nos podemos dar con un canto en los dientes si dentro de tres años alguien no nos enseña una nueva cláusula que retrase un par de siglos el levantamiento de las limitaciones.

Y mientras esto sucede en el norte, en el sur se aprestan a vestir sus mejores galas para intentar seducir a los responsables de Pemex y demostrarles lo bien que saben hacer barcos. Es evidente que en Vigo saben construir unos buques increíbles, pero el problema es que a los mexicanos, a estas alturas, lo único que les interesa es el descuento que podrán conseguir por el encargo y, es de suponer, la cuantía de las comisiones que se manejan en semejante negocio. El problema es que para Galicia no es un negocio, es cuestión de superviviencia para su industria, que más que agonizar está en los últimos estertores.

CUESTIÓN DE VIDA O MUERTE