Debates de ciencia ficción

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Hace veinte años, en un pequeño laboratorio de Edimburgo, veía la luz la que sería la oveja más famosa. Dolly se convertía en el primer mamífero en ser clonado y su nacimiento no dejó indiferente a nadie. La ciencia ficción se convertía en realidad y el debate sobre las implicaciones éticas y morales estaba servido. La posibilidad del clonaje llevaba tiempo campando en el imaginario colectivo. Desde Star Wars y su ejército imperial de soldados clonados a los dinosaurios de Steven Spielberg, el tema siempre ha tenido un gran atractivo. Aldous Huxley ya nos puso los pelos de punta con Un Mundo Feliz en 1932 en donde se trataba este tema en un futuro distópico, que muchos han querido ver como una profecía a evitar. Pero en 1996 todo este universo de fantasía tenía un punto de inflexión con el nacimiento de Dolly. Lo que no eran más que sueños se habían convertido en realidad. Muchos fueron los que se apresuraron a posicionarse en un debate que podía dirigir el rumbo de la investigación. En la mente de la mayoría de las personas quedó la sensación de que la clonación era algo muy sencillo. Para explicar como se había logrado el nacimiento de Dolly, se simplificó tanto que lo que era un costoso proceso pasó a ser percibido como un sencillo ejercicio de laboratorio. Sin ir más lejos, en el caso de Dolly, la transferencia nuclear se intentó con 277 óvulos, de los que solamente 13 llegaron a la fase embrionaria.  Han pasado 20 años desde que Dolly nació y las terribles profecías de los detractores de la clonación no han llegado a cumplirse. No nos encontramos con ejércitos de clones trabajando como esclavos en fábricas ni con millonarios con neveras llenas de clones esperando para donarles el órgano que les haga falta. En estas ideas extremistas ha ayudado sin duda la experiencia de cómo hemos pervertido los grandes descubrimientos de la ciencia en un afán por exterminarnos que ha punto ha estado de costarnos bien caro. Sin embargo el avance de la ciencia es algo que no se puede detener, le pese a quien le pese. El campo de la edición genética ya no es cosa de un lejano futuro, está aquí y lo está porque sus aplicaciones son valiosas. Antes de cerrarnos en banda ante los caminos que se nos abren por unos supuestos riesgos, debemos pararnos a pensar en todo lo que nos ofrece.
 

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