Espinar firma el parte de defunción

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Del novel especulador inmobiliario Ramón Espinar siempre se dijo que haría bien en incorporar el pulpo a las mariscadas barateiras que se come en la Galiza ceive, más que nada por solidaridad, pues cada vez que se asomaba a Twitter le daban las del ídem. Lo inflaban un día y al siguiente volvía a por más. Hubo quien aseguró que quizá tuviese un puntito de masoquista y al cabo de unos días apareciese vestido de cuero negro –black, diría su padre, el de la tarjeta de Caja Madrid– de los pies a la cabeza, pero nunca se llegó a ver así ataviado. En cambio, ¡oh, sorpresa!, se ha sentido cómodo disfrazado de Thor y la ha emprendido a golpes con la dirección de Podemos –¿otro que ha empezado a opositar para buscarse un sitio en el PSOE?–. Asegura que el partido se ha roto en pedazos y está en caída libre, afirmación que todo el mundo entiende, pero que él explica con la grandilocuencia de la izquierda: Podemos perdió “capacidad de integrar las diferencias en su estructura”; ha pasado de “la pluralidad a la homogeneización de perfiles” y como consecuencia sufre “un envejecimiento acelerado y un empobrecimiento de su capacidad para interactuar con la sociedad”. Vamos, que ha pasado a ser auténtico lixo. Cuántos disgusto se habría ahorrado de haber montado una agencia inmobiliaria.

Espinar firma el parte de defunción