Brújula papal

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Caramba con el Papa; que semana nos ha dado. Por un lado la sorpresa de su audiencia a Maduro y por otro la firma de la “orden” prohibiendo esparcir las cenizas de los difuntos incinerados. Sorprendidos nos dejó. ¡Claro! que el Papa es muy libre, como sacerdote y persona, de recibir a quien le plazca, cuando le venga en gana y confesarle de sus pecados, si quieren. Pero como Papa debe explicar el motivo de la audiencia a un personaje como Maduro. No creo que haya muchas dudas sobre tal individuo, ni tampoco sobre las condiciones en que tiene sometido al pueblo venezolano, que por cierto es católico. Francisco ya hizo lo mismo con la Sra. Kirchner, y vimos unas imágenes que a muchos católicos nos chirriaron. Una cosa es la diplomacia y sus tiempos y otra las recepciones de este estilo y el silencio sobre ellas. No creo deba recibir, así, sin más, a quien tiene a los ciudadanos en la miseria. Es una falta de respeto para con el pueblo venezolano.
Y si eso no fuese poca sorpresa, firma la prohibición de esparcir las cenizas de los difuntos incinerados, basándose en “sólidos” argumentos como: los malos tratos, olvido y falta de respeto por las siguientes generaciones. Además de otros, incluido el fetichismo, ¿la foto del fallecido en la mesa es menos que la urna en el salón? No sé yo. 
Sobre el trato me viene a la memoria escenas de apertura de nichos y la “delicadeza” para con los restos óseos cuando hay que hacer ajustes de espacio. Santidad, el cariño y la memoria no es una placa en el cementerio, es otra cosa. Mis descendientes dudo vayan a mi tumba por haberse acordado de mí. Pienso sí tal orden no tendrá que ver con la pérdida de ingresos por tasas de cementerios parroquiales y abonos a sacerdotes por asistir a entierros, ya que la iglesia, entre la escasez de bodas y disminución de entierros, ve flaquear sus ingresos. 
El incumplimiento de la orden sepan que tiene castigo: al difunto no le permitirán misa funeral; pregunto ¿Es más profunda la misa funeral que la sincera oración por el difunto? Ay, Ay qué cosas tiene este Francisco, parece que su brújula va loca.
 

Brújula papal