DISCULPA PERFECTA

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Sin menoscabo de la reunión de ministros de Interior de los veintiocho, parece que ya hay la disculpa perfecta para cerrar aun más las fronteras y librarse de los refugiados: el terrorismo. Polonia lo dijo claro. Renuncia a acoger los siete mil quinientos refugiados que le correspondían por “cupo”. Igual que si renunciara a envasar leche en polvo, por la sobreproducción de las vacas lecheras europeas. Sobran vacas y refugiados. 
La crítica del presidente del eurogrupo, Jean Claude Juncker, a países que no supieron ni saben protegerse de terroristas no hará más que alimentar un fuego fácil de encender: a grandes males, grandes remedios; cortar por lo sano y asunto arreglado. Pero no olvidemos que Turquía ya tiene aprobado que entren en Europa sus ciudadanos sin pasaporte. Si unas puertas se cierran, otras se abren. Y de Turquía salieron terroristas hacia Bruselas. Creo que alguien metió la pata hasta el hombro.
 

DISCULPA PERFECTA