LOS INTOCABLES

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Si Eliot Ness levantara la cabeza, se quedaría más pegado que Dios al ver que los intocables ya no son agentes de la poli, sino banqueros, políticos y otros personajes reales que choricean por doquier y quedan en libertad, mientras los jueces que intentan enchiquerarlos son los que pagan el pato, a base de “garzonazos” judiciales que otros jueces les atizan.
Y es que esto es la hostia en verso. Que obliguen a un fulano a ser defendido por su abogado, cuando este renuncia a la defensa por falta de confianza de su cliente, tiene moco de pavo. Es como si un monaguillo te obligara a casarte, con la aquiescencia del cura, cuando uno de los contrayentes no quiere hacerlo por motivos sexuales. Es decir: porque no le sale de los asuntos, sin más explicaciones. ¿Habrá algo más legal que el uso de un derecho, mientras quien te juzga opina sobre intenciones en lugar de pruebas? Creo que alguien pisó una mierda.

 

LOS INTOCABLES