LA REFORMA DEL SENADO

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¿Alguien se acuerda de las elecciones de noviembre? Van allá más de dos meses, pasaron las fiestas de navidad, se constituyeron las Cortes, el nuevo Gobierno tomó posesión y las primeras medidas, Galicia perdió a dos grandes personajes, Díaz Pardo y Fraga, estamos a punto de culminar la cuesta de enero y ya se divisa en el horizonte el carnaval…

Al día siguiente y hasta hoy todos los ciudadanos volvimos a hacer vida normal, metidos de lleno en la actividad que a cada uno depara la realidad prosaica. Todos, menos los senadores que ayer, 64 días después, celebraron el primer pleno con un orden del día cuyo punto más importante era la reforma del Reglamento para aprobar la constitución de 22 comisiones.

Mantener una administración tan hipertrofiada como la que tenemos es un despilfarro de recursos de todos que lleva al país a la quiebra e irrita a los ciudadanos

 

Sus señorías se lo tomaron con calma –¡así de dura es la vida del político!– aunque, en honor a la verdad, también hay que decir que nadie se quejó de la inactividad del Senado o de que los senadores no se reunieran en un pleno. Por eso es pertinente preguntar ¿para qué sirve el Senado?

Circulan por la red documentos nada complacientes con esta cámara de representación territorial a la que califican de muy costosa, perfectamente prescindible y hasta inútil. Lo decía hace unos meses el entonces senador del BNG, José Manuel Pérez Bouza: “Tal como está concebido, el Senado no sirve para nada”. En un arrebato de sinceridad añadía: “Yo quiero rentabilizar mi sueldo (en torno a 5.000 euros mes), lo que pasa es que la institución, tal como está configurada, no me lo permite”. En esta línea se manifestó también un exsenador del PNV: “Si los ciudadanos supiesen como se sestea y se pierde el tiempo en esa institución, montarían en cólera”.

Hay mucha indignación en la calle y en las redes sociales, porque los ciudadanos perciben que mientras a ellos les piden sacrificios –subida de impuestos, rebaja de salarios, reducción de los servicios básicos– se mantienen el Senado y cientos de estructuras administrativas que solo sirven para que los partidos coloquen a políticos “amortizados”, en muchos casos otorgándoles esas prebenda como premio a su nefasta gestión.

Mantener instituciones inútiles es otra forma de despilfarro de recursos del que son responsables quienes no tienen voluntad política de eliminarlas. A ver si se enteran que una administración tan hipertrofiada como la que tenemos es inviable, lleva al país a la quiebra e indigna a los ciudadanos. Con toda la razón.

LA REFORMA DEL SENADO