Moderación en tiempos de pandemia

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La gestión pública de la pandemia, tan cargada de ideología como de incompetencia e ineficacia, manifiesta la necesidad de moderación y de sentido común en los mensajes y comportamientos de sus principales actores. El intento de tensionar y radicalizar la vida política y social debe ser respondido con continuas iniciativas para una reconstrucción razonable y humana del país, y para paliar las dramáticas consecuencias que la ineptitud de nuestros gobernantes ha ocasionado a millones de personas, en forma de toda clase daños materiales y morales.

En efecto, los profesionales de la crispación y del rencor propician que vuelva a la palestra del debate público un concepto que suele emerger con fuerza cuando los extremos que representan las ideologías cerradas hacen acto de presencia, tal y como ha pasado entre nosotros en este tiempo. Me refiero a la moderación, tan manida estos días como huérfana de aplicación práctica, pues suele confundirse con tibieza, pusilanimidad o indefinición las más de las veces.

La moderación es, entre otras cosas, un ejercicio de relativización de las propias posiciones políticas. Las políticas radicalizadas, extremas, sólo se pueden ejercer desde convicciones que se alejan del ejercicio crítico de la racionalidad, es decir desde el dogmatismo que fácilmente deviene fanatismo, del tipo que sea, como hoy comprobamos tristemente también por estos lares.  La moderación, lejos de toda exaltación y prepotencia, implica una actitud de asunción de la complejidad de la gestión de la pandemia,  y de nuestra limitación, especialmente en  estos momentos tan difíciles. 

El simplismo y la demagogia, enemigos declarados de la moderación y del sentido del equilibrio, son el campo abonado para ese populismo autoritario, de uno u otro signo, que hoy campa a sus anchas, dividiendo a las sociedades. En España de manera grosera y peligrosa. 

Por eso, es tiempo de políticas y políticos comprometidos con los valores democráticos, que aporten a la vida pública, que trabajen centrados en el compromiso con la excelsa y suprema dignidad humana, que tengan mentalidad abierta, metodología del entendimiento y sensibilidad social.  Que trabajen desde la realidad, con la razón, conscientes de que el centro de la acción política, repito, está en la dignidad humana. Sería posible si los que saben y tienen condiciones diera un paso al frente, aunque solo temporal, solo para sacar al país adelante.

Moderación en tiempos de pandemia