LAS MUJERES SABIHONDAS

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Contesto a una asidua “chica busca chico” que postula intercambio en la sección de amigos de nuestro periódico. Casi sesenta años redonditos a cuestas reclamando atención de muchachos de entre 35 y 45 tacos. Disparaderos absurdos, diálogos inconexos, hondura de almas platónicas que buscan su otra mitad sin encontrarla.

Hay que ser muy frívola, sentir mucho vacío o profundo dolor para dar este paso. Posiblemente quietud desasosegada de sueños imposibles, utopías escritas que se borran y castillos de ilusiones abatidas por la brisa…

Pero también, sin dramatizar, la pirueta circense que sale al encuentro, la carcajada limpia y atronadora que encandila, el riesgo de mantener tales desafíos porque las voluntades tienen densidad y peso. No son fuegos fatuos sino esperanzas de felicidades depositadas en las manos.

Todos tenemos derecho al goce y al sacrificio. Ninguno puede explicarse sin su contrapartida lógica, sea amorosa, sea serena o sea irreflexiva. Es la carta animosa que busca destino o el twitero de la actualidad que golpea inmisericorde desde cien pozos de tirador escondido.

Así mismo hay que tener colgaduras optimistas para que la representación tenga éxito. Chica busca chico. Sobran los años descompensados entre parejas bien avenidas, pues las edades son mentiras escritas por el tiempo. ¡Es tan breve el disfrute y tan larga la tristeza!

A lo mejor, además, fuese oportuno insistir desde otra perspectiva, la que no tapan las máscaras humanas. ¿Es tan enorme la oscuridad que sufre nuestra amiga? ¿Olvida a Dios o se diviniza ella? Seguramente sea la soledad como eco para poder oír, testimoniando la frase Groucho Marx: “Mejor seguir en silencio y que crean que eres tonto a abrir la boca y eliminar toda duda”.

¿Los faltos de calor y de entrega ajenas son siempre perdedores incorregibles? ¿O lo pasan requetebién?

LAS MUJERES SABIHONDAS