La venganza más acuática

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EL todopoderoso Caballero, don Abel, decidió en las navidades de 2006 convertir a los concejales de la Marea do Lagares e instaló a la puerta de la sede del partido un altavoz en el que no dejaban de sonar villancicos a todo volumen. Pasados unos días, dos de los concejales, ateos confesos, anunciaron que se rendían, que la incesante emisión de panxoliñas había destrozado su capacidad de resistencia y sacaban la bandera blanca. “Ten compaixón de nós”, llegaron a implorar a través de las redes sociales, sin que el alcalde, martillo de herejes, se apiadase de ellos. Nunca lo olvidaron ni nunca se lo perdonaron y se han tomado venganza denunciándolo por un delito contra la salud pública por los problemas del agua. De otra cosa no sabrán, pero cuando un partido se llama Marea de agua deben saberlo todo; como si se llamase Nordés deberían saberlo todo de parques eólicos. Si quieren un asesor de Teis para ayudarles en las cuestiones judiciales, seguro que desde A Coruña hay más de un voluntario para enviárselo e incluso a portes pagados.  

La venganza más acuática