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El acontecimiento Podemos

Un acontecimiento supone un evento que pone en evidencia las limitaciones del pensamiento idealista aplicado a la historia. La historia habla, sí, pero lo que dice no lo tiene nunca demasiado claro. De ahí la importancia del acontecimiento, porque éste escandaliza toda lógica de encadenamiento factual y nos obliga a crear un significado desde la singularidad. La verdad final, planteada de antemano, no existe, y cuando se fuerza su existencia acaba en masacre.
El éxito de la iniciativa de Podemos en las últimas elecciones europeas celebradas en España ha sido un acontecimiento. Y lo ha sido porque nadie –o casi nadie– lo esperaba. Como todo acontecimiento, ha removido pasiones y posiciones. En este sentido, ha supuesto una buena nueva, un poco de aire renovado que entra por la ventana de la polvorienta casa, un zurriagazo en las posaderas de tanto apoltronado político. La sorpresa ha sido tal que pronto se ha visto la respuesta airada de muchos portavoces del “statu quo”, los cuales han quedado retratados en sus gestos y palabras de desprecio. Pero del otro lado, ¿qué?
Podemos ahora también debe crear un significado para comprender en cada momento el camino a seguir. Una vez en el poder, Podemos ya forma parte también del “statu quo”. Ha dejado de ser un acontecimiento. Dicha inclusión en el poder, tal como éste se ejerce, cuenta con las ventajas fácticas de la transformación de la realidad –anhelo declarado de la tradición filosófica marxista– pero también se expone a todos los riesgos propios de la connivencia con la misma -sospecha propia de la tradición filosófica libertaria. ¿Puede un hombre rebelde que participa en la “realpolitik” seguir siendo un rebelde? ¿Tiene sentido la rebeldía a perpetuidad? Salvo que el mundo se vea a sí mismo como un mundo plenamente logrado, ajeno a toda injusticia, me parece que la respuesta a esta última cuestión es que sí. En cuanto a la primera pregunta, responderla es el desafío más grande.
Me parecen prometedoras algunas ideas de Podemos y ni le dedicaré ni una línea a sus detractores a sueldo; no obstante, ¿algo nuevo bajo el sol?  Lo que no me gusta de Podemos es su manera en ocasiones excesivamente simplista de tratar las cosas. Un hablar simple supone una manera pedagógica de ganarse a la gente, pero poco más. Sigo un pensamiento de Theodor Adorno que sostiene que toda simplificación de la esencia entraña una falsificación de la misma. Si podemos transformar la realidad social no debe ser al precio de forzarla a entrar en nuestras categorías y modelos.
He eschuchado a Pablo Iglesias decir cosas que me han hecho pensar en su dirección. Pero también le he esccuchado decir otras que me han alejado. Algo normal, por otra parte, en todo diálogo. La democracia de hoy no empieza con la guillotina y la decapitación de un rey (https://www.youtube.com/watch?v=WArT46eC-xQ ) y, en cualquier caso, la complejidad trazada por la Revolución francesa y sus protagonistas no puede ser solventada  en un minuto y trece segundos de Fort Apache sin acabar –siento decirlo– en demagogia. De la misma manera, el modelo venezolano no puede suponer una alternativa “per se”, precisamente porque practica otra manera de gobernar para una élite (en el poder), al contrario de lo que sostiene Pablo (https://www.youtube.com/watch?v=zDlWsNm6fnE).
 Una de las decepciones constantes con respecto al discurso de la izquierda oficial (la que cita a Marx, Lenin y ahora, por suerte, también a Gramsci) es su repliegue ante los escándalos y desmanes de algunos gobiernos socialistas (mal llamados comunistas) y su alineamiento a un discurso carente de verdadera autocrítica.
Detrás de ese silencio cómplice, además de cobardía e interés, también encontramos un pensamiento histórico ajeno a la filosofía del acontecimiento. Para él, hay más verdad en el sistema puesto en marcha que en la singularidad que lo enfrenta. Por ello aceptará en nombre de una justicia demasiado abstracta el sufrimiento demasiado fáctico de cada ser único e irrepetible. Lo paradójico es que todo acto revolucionario fue antes un acontecimento que un sistema. Mientras no logremos discutir sobre todas estas cosas y otras afines, nunca podremos verdaderamente ofrecer alternativa alguna que no sea pan para hoy y “dolor” para mañana.

 

El acontecimiento Podemos

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