Barro y arcilla

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Hombres de barro y arcilla. Pero de un barro y una arcilla única. Moldeados por el espíritu de entrega y de servicio a los demás. Generosidad de vida, ejemplo de fe, de servicio hasta entregar su propia vida. Miguel Pajares falleció víctima del Ébola, el virus para el que los países ricos todavía no han desarrollado la vacuna, o no han querido hacerlo. Había cuidado hasta que falleció al director del Hospital de San José en Monrovia. Se contagió. Perdió la batalla frente a la enfermedad. Con coraje, con fuerza, con un testimonio de amor y entrega que conmueve. Pidió para que en ese avión vinieran también las dos hermanas que trabajaban con él, una de ellas también perdió la vida.
Como Miguel, cientos y cientos de españoles, religiosos o no, dan y entregan lo mejor de sí mismos. Algunos por fe, otros por un sentimiento único de ayuda. Y a buena fe que lo consiguen ante una sociedad cada vez más vacía, estéril de pensamiento, desnuda de valores y henchida de soberbia y de muchísimo, ruido ante el silencio de los más pobres. El rico y soberbio Occidente ha dado la espalda demasiadas veces a quiénes más necesitan no sólo ayuda, sino sanidad, formación para superar barreras y la depredación del propio ser humano. Sin embargo les esquilmamos, les usurpamos sus riquezas a cambio de hacer ricos a una oligarquía corrupta en esos países sabiendo como sabemos de la realidad de millones de seres humanos destinados a vivir entre la miseria.
Miguel Pajares es hoy un hombre feliz. Una vida con una recompensa moral y humana extraordinaria. Nos ha conmovido y mucho su situación y también su muerte. Y como Miguel hay miles de voluntarios que seguirán como hizo Pere Casaldáliga cuando hace más de 50 años se fue a vivir su fe con los más pobres entre los más pobres.
La enfermedad, la miseria, la desigualdad, las guerras... roban y usurpan el futuro y el presente a millones de seres, lejos de Europa y de la dignidad del ser humano. Occidente mira con indiferencia. Sigue haciéndolo, en África, en Oriente Medio, en regiones de América Latina, y muchos otros lugares donde la los derechos humanos no son, ni existen, ni quieren que sean. Con el Ébola hemos visto como el mundo ha tardado en hacer algo frente a este virus. A un paso de una pandemia si no se ataja. Miedo, preocupación, incertidumbre. Nadie lo quiere en sus puertas. Pobre África, África dejada a su propia suerte. La misma que hoy muchas empresas buscan y anhelan cual nuevo El Dorado. Pero el lado humano, el drama, nunca ha importado demasiado en nuestras sociedades salvo cuando las imágenes martillean la conciencia. Nuestro homenaje, nuestra admiración y  también para los creyentes, nuestra oración para quiénes amando, siendo, han dado lo mejor de sí mismos en el camino de sus propias vidas. Algunos siguiendo la fe en Cristo, cargando una propia cruz, otros, sin anclar sus anhelos en fe o religión alguna, dándose a los demás a través de sus manos, de su ciencia, de su saber hacer.

Barro y arcilla