PENAMOA

|

Titulaba en su primera página El Ideal Gallego en su edición del 21 de abril que “El derribo de las últimas chabolas de Penamoa cierra 30 años de vergüenza”. En realidad podíamos decir que fueron 35 los años a partir de los cuales se toleró la creación de un chabolismo infrahumano en que iban a ser viviendas sociales sobre un terreno programado previa su urbanización e instalación de servicios y para cuya adquisición se había celebrado un concurso público de oferta de suelo por sus propietarios en 1976, siendo alcalde Liaño Flores, y por el que se pagó el precio resultante del terreno ofertado en Penamoa por ese concurso.

Y lo que ocurre siempre, que un proyecto ideado por una corporación, la presidida por Liaño Flores, que por haber finalizado su mandato no pudo llevarlo a cabo, fue abandonado por las corporaciones sucesivas, que por esa razón se fue considerando zona baldía y transformando en un asentamiento por los marginales, que aprovechan las oportunidades para convertir lo que para ellos es “tierra de nadie” con derecho a ocuparla, en chabolas carentes de los elementales servicios higiénicos y centros de venta de sustancias prohibidas.

No puede atribuirse mérito alguno, por mucho plan de integración que se hubiera hecho ahora por quien permitió que se hubiera convertido en un poblado como los de las películas del Oeste gobernados por el matón más rápido en el manejo de la pistola, o más hábil en aprovecharse de lo ajeno.

No sabemos qué proyectará realizar en ese suelo el mismo Ayuntamiento que derribó las chabolas, lo que, supongo, estará previsto en el Plan General de Ordenación Municipal, con el riesgo otra vez de que si va a ser “zona verde”, se repita la historia de los últimos años, porque la actuación sobre ese suelo ha de ser conjunta con su entorno, ya que de seguir en su aislamiento, volverán “las oscuras golondrinas”, que seguirán suministrando la droga de la que en Penamoa había convertido en centro en todo el noroeste español.

Y damos paso a una curiosa constatación: algunas personas desalojadas de Penamoa han contactado con familiares y amigos que también “trapichean” en otros lugares del norte o noroeste español y han avisado de la “desgracia” acontecida en La Coruña, en relación con el mercadeo de la droga.

Los “vendedores” que venían actuando en la citada zona coruñesa piden urgente ayuda a sus compinches de extra muros, para que les ayuden a buscar nuevos puntos de ubicación.

Así pues, respetables autoridades, habrá que estar “al loro”, para evitar nuevas desagradables situaciones.

PENAMOA