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Nos sobra vehemencia. También arrogancia. Criticamos a la primera de cambio. Somos jueces y parte a un tiempo y nos creemos poseedores de la verdad absoluta. Ignoramos deliberadamente nuestros límites, tapamos debilidades, fingimos la puesta en escena. Rostros cariacontecidos o sonrisas tan hipócritas como forzadas. Vanidades aparte. Es el mundo real. Bienvenidos. Siempre ha sido así, con la particularidad ahora de una comunicación casi instantánea. Imágenes y palabras vuelan a velocidad de vértigo. No al tiempo la reflexión, la explicación.
Se acerca marzo. Tal vez no los Idus de Marzo. Y el desenlace del primer entreacto de la política española, ese laberinto suspicaz y agrio, parece que se resolverá. Socialistas y Ciudadanos han dado un paso. Será efímero, es posible, pero es una acción. Es un avance. Guste más o guste menos. Y es mucho más por sí solo de lo que han hecho el resto de partidos. Y cuando decimos el resto, es eso, todos los demás, que no han salido de declaraciones genéricas y principiales, pero sin concretar.
Podrá discutirse el contenido, no estar de acuerdo en algunas o en casi todas las cosas, pero ¿fraude? O empezamos a enterarnos de que en política empiezan a cambiar muchas cosas, porque deben, dada la ciénaga en la que se está, o no sabemos donde acabará el dislate. 
Es posible que haya que ir a elecciones. Pero también lo es que la pasividad, de un lado, la arrogancia agresiva, del otro, acaben siendo penalizadas. No, no hacen falta que lean entre líneas. Es muy claro lo que se está diciendo. La percepción de la gente está en la calle, no en las ejecutivas blindadas al ruido y al debate. Debatir, esa es la gran asignatura pendiente de algunos partidos. El miedo a debatir internamente. Todos nadan y guardan la ropa, no vaya ser que el que se pronuncie salga trasquilado, o sin la barba del vecino. O se le interprete mal. Cuanto antes se abra un nuevo tiempo político, de la política y de los partidos, antes se recompondrá el divorcio existente con la realidad. 
Las atalayas como las poltronas crean miopía voluntaria. Silencio explícito pero también cobarde. Demasiados juegan al agazapamiento o al zancadilleo. Pedro Sánchez sabe que sus probabilidades de sobrevivencia en su partido son contadas. Necesita mostrar flexibilidad, cintura y mucho más. Quedarse quieto, o lanzarse a los brazos de una izquierda extremista sin más, un suicidio total. Qué dirían de ese pacto?
Generosidad, sí, responsabilidad, sobre todo. Pero pase lo que pase, la política es de los audaces y para los audaces. Lo cual no es despectivo. Y aquél que dijo que el que se mueve no sale en la foto, puede que esté errado, puede que no, pero, sin duda, esperar a ver el cadáver político del adversario, que no enemigo, pues este está dentro siempre, puede que finalmente no sea protagonista de nada. 
Cambiemos a tiempo. Movámonos. Reflexionemos, debatamos. Bienvenidas las ideas, los proyectos, los acuerdos. Rompamos la inercia, sobre todo de los inermes y quietos. Y no, no lean intenciones ni nombres. Hace mucho que pensar cuesta en este yermo ibérico, pero más decir lo que se piensa libremente. Sigamos permitiendo una tutela perenne cual si fuéramos menores de edad o incapaces. Seamos protagonistas la sociedad civil en ese debate. Los partidos son un actor más, cualificadísimo sí, pero no el único.

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