Y de pronto, ETA

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En la amnesia colectiva que viven, vivimos y sufrimos conscientemente los españoles, la banda terrorista se ha diluido incluso del recuerdo. Así lo parece. Pues entre percepciones y presunciones, parece como si la banda asesina nunca hubiera existido. Y con ella el macabro y terrorífico historial de sangre y muerte que unos asesinos sembraron durante décadas ante el silencio de muchos, la pasividad de otros y una lucha desde el estado de derecho que ha terminado por doblegarles. Aunque la historia no siempre la escriben los vencedores, en eso somos generosos, les permitimos a ellos y a sus otrora cachorros políticos que construyan ese relato, el propio, el victimario etarra, pero con los renglones que los asesinos y sus cómplices dictaron implacable y marcialmente. Hemos de recordar para tanto amnésico voluntario que existe que estos asesinatos, aún 314, siguen sin esclarecerse sus autorías reales y concretas de pistoleros de la banda y sus distintos taldes. Probablemente nunca lo sepamos o nunca antes de la prescripción total y por tanto perseguibilidad de estos crímines.
ETA de cuando en cuando a través de algún vocero mediático se hace presente. No tiene la repercusión de antaño. El paso del tiempo también es inexorable con ellos. La higiene mental de una sociedad que ya perdió el miedo una vez que los terroristas cesaron en sus crímenes, no antes, hace y se ancla en meros ejercicios de superviviencia y aparente normalidad. Así somos, de carne y hueso, memoria frágil y demasiado elástica para lo que nos conviene.
Tras el paripé de un desarme con una comisión verificadora de risa, tanto lo uno como lo otro, lo cierto es que la banda asesina, remachamos de nuevo lo de asesina, nunca ha entregado las armas. Tampoco se ha disuelto. Ni lo pretende por el momento. Lo último que hemos sabido de ellos en ese afán mediático extremo que siempre han tenido es una misiva dirigida al Gobierno francés para entablar no se sabe muy bien qué negociaciones, y el descubrimiento, chivatazo o lo que fuere, de un zulo cerca de París, que pronto algunos medios tildaron de arsenal, lo cual dista mucho de serlo. A ETA si hay alguna cosa que aún le importa, y lo dudamos, son sus presos. Poco más. Y la dispersión y encarcelamiento de los mismos. Del resto, nada de nada, ni tampoco su supervivencia política, menos el relato objetivo de una historia de muerte y terror sembrada indiscriminada y brutalmente por sicarios de sangre, desalmados y asesinos. La salida de los presos es la excusa perfecta para mantener un status quaestiones de impasse que parece que a todos conviene. Pasan los años, pero la banda no se disuelve ni tampoco entrega sus armas. Por muchas o pocas que haya. Por muchas o pocas que la Policía crea que aquellos tengan. Ya ni siquiera es moneda de cambio para nada. Absolutamente nada. El favor que deberían hacerse a sí mismo es pedir perdón, y esclarecer todos y cada uno de los asesinatos que sesgaron la vida de muchos inocentes y rompieron familias enteras.

 

 

Y de pronto, ETA