SOSPECHOSOS HABITUALES

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El conjunto de la sociedad de este país asiste perpleja a la continua e interminable lista de escándalos de todo tipo que salpica, como en tiempos nunca conocidos hasta el momento, a todos los estamentos de la sociedad. Poco se emplea ya el término “pelotazo”, tan habitual en otras décadas, tal vez porque nunca se pensó que lo que parece toda una imparable sucesión de hechos difíciles de creer puedan ser hoy en día descritos con tan escueta palabra. “Pelotazo” se queda corto, no tanto por el hecho de ser conscientes de que siempre los hubo como porque lo que se suponía hasta ahora es que entre sus protagonistas no solo estuviesen banqueros –acuérdense de Mario Conde– o políticos –el caso Filesa sobre financiación irregular del PSOE–, sino porque, a diferencia de las décadas precedentes, por lo que se ve aquí cae hasta el apuntador. Vamos, como en “La venganza de Don Mendo”.
Por más un motivo tan elocuente como el de saber que la corrupción corre pareja a quien tiene capacidad de poder y decisión, que por el hecho de que esta pueda dejar de existir en algún momento, al menos en la intensidad que reflejan los tiempos, elementos tan vitales y con tan elevado protagonismo como el que asumen los sindicatos, estaban, hasta hace escasas fechas, al margen de ser susceptibles de sospechas. Las circunstancias, y sobre todo los hechos, indican lo contrario. Quien, o quienes, se supone que están llamados a defender los intereses colectivos en aras de un bien común y de las clases más necesitadas de protección, adolecen también de dinámicas no exentas de dolo, convirtiendo así la simple capacidad de representación laboral en una carrera tentada también por los más sencillos y elementales pecados capitales. En lugar destacado, el de la avaricia, alimento básico y primigenio de la corrupción que conlleva además no solo el acceso al dinero sino también el desprecio con el que, como se ve, quienes sabiéndose culpables eluden toda responsabilidad, en una clara demostración de desafecto hacia el resto de la sociedad e incluso a las instituciones a las que representan. Saber hasta qué punto hoy puede estar algún miembro del estamento que sea libre de sospecha es tanto como invitar a que quien esté carente de pecado que arroje la primera piedra. Se quiera o no, lo que la sociedad se pregunta ya de forma más que habitual, como si formase parte del día a día, es con qué nueva noticia sobre la corrupción se despertará cada mañana. Y eso que, como bien se podrán imaginar, como en todo en iceberg, lo que aflora es solo la punta. A saber qué hay bajo la línea de flotación.

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