JUEGO DE TRONAS

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R esulta difícil comentar cualquier noticia de actualidad sin acabar hablando, de una forma u otra, sobre las elecciones del 20-D. La política se ha apoderado de todo: los periódicos (donde nunca falta), la radio y, sobre todo, la televisión. El debate de anoche de Atresmedia era uno de los puntos candentes, más que por quienes iban, por quién no iba: Mariano Rajoy. El presidente del Gobierno excusó su presencia por su apretada agenda y otros motivos igual de dudosos y mandó en su lugar a Soraya Sáez de Santamaría, alias La niña de Rajoy, que siempre está calentando por la banda por si tiene que salir. Tras un hombre siempre hay una gran mujer, al margen de cuál sea su tamaño. 
Seguramente, la estrategia sea impecable, porque le iban a dar para el pelo: tres contra uno, más jóvenes, con la tranquilidad que permite estar en la oposición y, por qué no decirlo, más ágiles en el debate. Así que la solución estaba en mandar a la vicepresidenta, que lo mismo vale para un roto que para un descosido. La pregunta es, si sirve para todo igual que Mariano y algunas cosas incluso las hace mejor, ¿por qué no debería ser ella la presidenta? O, al menos, la candidata. 
No es el único caso de suplente de lujo y no todos se dan en el Partido Popular. Algo parecido le pasaba a José Luis Rodríguez Zapatero con María Teresa Fernández de la Vega, a la que tenía que mandar siempre a arreglar las desfeitas que cometía con Estados Unidos o con el Vaticano, por poner un par de ejemplos. La impresión que le queda a muchos ciudadanos es que ellas parecen ser las encargadas de sacar las castañas del fuego cuando ellos no pueden o no saben, así que en lugar de tenerlas preparadas para poner la venda quizás sería mejor que estuvieran trabajando para que no se produjese la herida. 
Los no machistas –para ser feministas aún les queda un rato largo– argumentan el consabido “a mí no me molesta, si son más capaces que un hombre, adelante”. Y esa es la trampa: que ellas tengan que ser más capaces, cuando la verdadera igualdad es que lleguen tías tan torpes como tíos torpes nos han gobernado. Y, sí, algunos pasos se han dado pero queda un largo camino para ver una presidenta. El género todavía importa y mucho: a veces parece que mientras ellos se dedican sin problemas al Juego de Tronos, a ellas les queda la misma opción pero en femenino, el Juego de Tronas. 

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