La cabeza de Mariano

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Dicen los castizos que hasta el rabo todo es toro. Eso dice la experiencia, pero la vida también nos enseña que a veces la victoria se encapricha con los audaces y se aleja de los cautos. En el seno del PP cunde el nerviosismo. Empiezan a asimilar que pese a ser la lista más votada, pueden acabar en la oposición. El golpe sería muy fuerte. La táctica de Rajoy declinando el ofrecimiento del rey para que iniciara conversaciones de cara a la investidura cedió la iniciativa a Sánchez y este la está aprovechando.
Sus contactos con los líderes de los partidos le han colocado en el centro de escenario. Quienes hasta hace dos días no daban un euro por él, ahora empiezan a ver que podrían haber errado el pronóstico. En las filas populares cunde cierta desazón y hay quienes en privado admiten que los cálculos de Rajoy podrían estar equivocados. Fiar el porvenir del PP al fracaso de Sánchez es apostar mucho a una carta. La arenga de Rajoy describiendo un panorama en el que se ve a sí mismo como único candidato posible, peca de optimismo. 
Es verdad que para Sánchez conseguir los apoyos suficientes para la investidura será tan difícil como políticamente arriesgado. Podemos exige tocar poder y Ciudadanos se declara incompatible con la coalición de Pablo Iglesias y sin uno de los dos, no sale la suma, pero la política es el arte de lo posible y Sánchez sabe que solo tiene una bala: o consigue la Presidencia o su compañeros de partido le apearán del caballo. Las dificultades son inmensas, pero Sánchez está decidido a intentarlo, de suerte que desde las filas del PP hay quien empieza a dudar de la estrategia “quietista” impuesta por Rajoy. Le ven aislado de su entorno esperando que Sánchez se la pegue para pedir la vez o ir a otras elecciones. Es cuestión de días que en seno del PP se dejen oír voces pidiendo la cabeza de Rajoy. Que ceda el paso alguien que no esté estigmatizado por la corrupción. 

La cabeza de Mariano