Un padre dando el biberón en el Congreso

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Sin saberlo, el pequeño Diego le quitó todo el protagonismo a Patxi López en la sesión de investidura del Congreso, que dejó más anécdotas de lo habitual. Una de ellas fue la del bebé  de la diputada de Podemos Carolina Bescansa, que se plantó en la cámara con el niño. En teoría, se trataba de una reivindicación, aunque, dos días después, sigo sin entender muy bien de qué porque, al final, la imagen que transmite es la de que lo de cuidar a los hijos es tarea de las madres. 
Si la reivindicación iba de que hacen falta más guarderías, no eligió bien el escenario, porque en el Congreso hay una escuela infantil en la que sus señorías, afortunadas ellas –y espero que ellos–, pueden dejar a sus hijos mientras debaten sobre qué deben hacer los demás con los suyos. Si se trataba de ser originales, tampoco han conseguido su objetivo, porque ese puesto estaba pillado hace ya tiempo por la eurodiputada italiana Licia Ronzulli, quien se hizo famosa por llevar a su hija a la cámara tantas veces que al final la niña ya levantaba la mano para votar al mismo tiempo que su madre. Si la cosa era ser transgresores, tampoco van nada bien, porque esta misma estampa, de madre con bebé y dándole el pecho ya se produjo en 1991, con Angelines Maestro, de Izquierda Unida. De hecho, es por la lucha de mujeres como ella por lo que hoy el hemiciclo tiene una guardería. 
Las Mareas y Podemos, ellos mismos lo han admitido en varias ocasiones, como es el caso de Yolanda Díaz o Breogán Rioboo, tienen un defecto: no son machistas pero tampoco todo lo feministas que se podía esperar. El problema de la nueva política es que repite esquemas más pasados de moda que los jerseys de cuello vuelto de Marcelino Camacho. Si querían ser modernos, pero de verdad, lo que tenían que haber hecho era coger a un hombre con su bebé y que fuera él quien le diera el biberón. Esa estampa transmitiría que los niños tienen padres y que también es su labor cuidarlos en la misma medida que deben hacerlo las madres. Y ya no solo padres y madres, sino toda la sociedad, como habría de ser en un país donde tener hijos resulta algo heroico. Dar la teta en el Congreso y largar luego a la criatura con la niñera es sencillo y viste mucho para la foto pero no ayuda en nada al feminismo, perpetuando un esquema de mujer cuidadora que, en el siglo XXI, las –y los– feministas de verdad deberían tener más que superado. 

Un padre dando el biberón en el Congreso