Desmitificando Alemania

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Debido a la emigración de nuestros jóvenes a Alemania, hay un creciente interés por conocer el funcionamiento de esta sociedad. La realidad, seguramente, es distinta a como aquí la imaginamos. Veamos algunos aspectos.
La Sanidad alemana no es realmente pública. Hay dos grandes mutualidades médicas privadas y es obligatorio suscribir un seguro médico con cualquiera de ellas, pero el estado interviene fijando los precios, que pueden variar según las circunstancias personales que fijan a su criterio los funcionarios. Hay que pagar los medicamentos y cada vez que acudimos al médico, hay que pagar 5 euros. Los seguros médicos realmente privados existen, pero sólo están autorizados para las rentas altas, por encima de 5.000 euros mensuales de ingresos y una vez que lo suscribes, no puedes abandonarlo.
Casi todos han oído hablar de los minijobs. Creados como una solución de emergencia, se están convirtiendo en un serio problema al asociarse con las ayudas estatales. No son exactamente lo que en España conocemos como trabajo precario, pero tiene ciertas similitudes. Un ejemplo típico sería el de una persona que trabaja dos días al mes y percibe 250 euros. El estado le abona la diferencia hasta alcanzar el salario mínimo, pero no cotiza para su futura pensión de jubilación.
En cuanto a los trabajadores autónomos, son considerados empresarios y también reciben esta ayuda, denominada Arbeitslosengeld II pero popularmente conocida como Hartz IV, en honor al director de Volkswagwen Peter Hartz, que la ideó en febrero de 2002.  Por ejemplo, si mi trabajo es dar clases particulares, se entiende que ese es mi negocio y si no tengo suficientes clientes, el Job Center (oficina de empleo) me da la diferencia para poder satisfacer las necesidades vitales mínimas. Aproximadamente, son 300 euros, para pagar la calefacción, la conexión a internet, el transporte público y el alquiler de la vivienda. Además, recibiría otros 250 euros para el coste del seguro médico. Son ayudas finalistas y no de libre disposición. Oficialmente, el paro en Alemania es del 6%, pero si no existiera el Hartz IV, subiría hasta el 17%. En España, casi la mitad de nuestros desempleados todavía perciben una ayuda económica de libre disposición y los alemanes la han reconvertido para generar una especie de RISGA (Renta de Integración Social Básica), que en España se concede sólo en casos extremos.
Además, para aumentar la natalidad, el estado alemán concede otra ayuda de 220 euros mensuales por hijo. El objetivo era lograr el reemplazo generacional, que se conseguiría cuando por cada 100 hubiera un mínimo de 210 nacimientos a lo largo de su vida. Los resultados han sido un fracaso, porque la cifra se ha quedado en 135. En España, donde las ayudas a la maternidad brillan por su ausencia tras eliminar el cheque bebé de Zapatero, la cifra es de 127 alumbramientos, prácticamente los mismos.
Aunque la situación del mercado laboral alemán dista de ser la ideal, apenas hay protestas, porque la mayoría de las personas que trabajan con minijobs hacen trabajos en negro que no declaran. Para una sociedad luterana, con arraigada ética del trabajo, esta “mediterranización” supone una inversión de valores. En teoría, es posible vivir sumando el minijob y el Harz-IV, porque un matrimonio con dos hijos, ingresaría 1.540 euros, más otros 500 del minijob (32 horas) y lo que pueda ganar en la economía sumergida. En contrapartida, otro matrimonio alemán con dos hijos, trabajando a jornada completa (280 horas mensuales), tras el descuento de sus impuestos termina ingresando sólo el doble. Naturalmente, cada vez son más las voces que claman por un cambio de timón, porque al problema moral, se añade el creciente coste económico que supone implementar y mantener el minijob y el Harz-IV.
Estas ayudas sociales son percibidas mayoritariamente por los propios alemanes, pero cada día cala más la idea de que los extranjeros acuden a Alemania para vivir de sus impuestos.
De momento no hay leyes represivas, porque la circulación dentro de la UE es libre para los ciudadanos de los estados miembros, pero los funcionarios adoptan sistemáticamente una táctica hacia los inmigrantes que solicitan estas ayudas legales, consistente en citarlos continuamente y aburrirlos, en una versión actualizada del “vuelva usted mañana” que popularizó Larra. Siempre hay quien se cansa y lo da por imposible.

 

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