Patria

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He tenido el honor de formar parte del jurado que ha otorgado a Patria de Fernando Aramburu el Premio Nacional de Narrativa 2017. Fui en representación de la FAPE (Federacion de Asociaciones de Periodistas de España) y solo puedo agradecer a mis colegas que me dieran la oportunidad de vivir esta experiencia. Patria era mi opción, así que ¡miel sobre hojuelas!. El libro me lo regaló nada más publicarse un colega, César García, con motivo de mi cumpleaños y me lo leí de un tirón como quien se mimetiza con una trama.

En el jurado pusimos en valor “la profundidad psicológica de los personajes, la tensión narrativa y la integración de los puntos de vista, así como la voluntad de escribir una novela global sobre unos años convulsos en el País Vasco”, pero en el ambiente sobrevolaba el momento político que vive España y un deseo de que las historias cainitas no se repitan. Cuando en leí el libro escribí un artículo donde recogía las críticas que había recibido, algunas de las cuales hice y hago mías, “Patria es una gran y meditada novela. Pero la tradición del género lleva incluida la virtud de explicar a sus contemporáneos algo del mundo que les ha tocado vivir, o que forma parte de su herencia: amalgama, evocación y análisis. Lo hicieron los Episodios Nacionales, de Galdós y suturar discordias civiles, y lo hizo Guerra y Paz, de Tolstó. Lo mismo estánlo grando ahora las novelas de Fernando Aramburu”, añadía.

Cuando se hizo público el nombre de la obra y el premiado, mi amigo Juan Cruz escribía en “El País”: “Cuando lo buscaron para decirle que había ganado el Premio Nacional de Narrativa, Fernando Aramburu andaba paseando con su perra en Hannover, la ciudad adonde se fue enamorado hace veinte años. A Luna la llamó así su hija menor y ahora está delicada de una pata, tanto que el autor de Patria tiene que llevarla en brazos. Por eso no estaba en casa y tuvo que esperar más de la cuenta hasta saber que este libro, lo ha distinguido el Ministerio de Cultura.

Patria es la historia metafórica de los años más oscuros de Euskadi, un libro centrado en un lugar simbólico de todos los sitios que sufrieron esas décadas de dolor. Con un estilo que prolonga Los peces de la amargura, su libro de relatos sobre el mismo asunto, Aramburu aborda las raíces en las que se asientan el odio y la maldad sembradas por ETA como factor principal de las desgracias de cuya realidad se nutre esta ficción.

Aramburu, que narra con la precisión que habla (“¡soy de Donosti!”), dedicó más tiempo a dolerse de la salud de su perra que a comentar el galardón. En su novela está esa precisión camusiana que la crítica reconoce en su estilo. Es difícil imaginar que cambie con los premios. Así que recibió la noticia, la celebró como algo grande y se alegró también por los libreros y por sus editores”. Después de esto que relata Juan no hay más que añadir, salvo que hay obras reparadoras que cuando las lees palpas que el odio engendra odio y que no hay nada que justifique el miedo o el tiro en la nuca.

 

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