NOBELES DE ECONOMÍA

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El que diga que sabe de economía miente. Ni uno solo de los premios Nobel atinó a avisarnos de lo que se nos venía encima. Del mismo modo que, en estos momentos, esos mismos sesudos teóricos se debaten en dos bandos enfrentados sobre cual es la mejor solución para pasar página de la crisis. Mientras unos se alinean con la Merkel y su austeridad, otros apuestan por dar un poco de correa a los países más castigados.

Con este panorama no resulta extraño que el mismo día que Moody’s rebaja la calificación de dieciseis bancos la Bolsa suba gracias al tirón de las entidades crediticias. La única explicación plausible a este hecho es que los mercados esperaban ansiosos saber que haría la agencia de calificación para hacer exactamente lo contrario. Al fin y al cabo, ni Moody’s ni ninguna otra rebajaron la calificación a nadie en el planeta ni tan siquiera unos minutos antes de que estallara la crisis.

Hasta Belén Esteban es capaz de soltar estos conceptos con absoluta naturalidad mientras intenta aprender a colgarse de una barra de striptease

 

Y, también en este contexto, resulta hasta normal que el Gobierno español, preocupado últimamente en dar una imagen de máxima solvencia, haya encargado un informe independiente sobre el estado de Bankia a Goldman Sachs, el que fuera banco de inversión y que está en la génesis misma del crack que todavía nos tiene doblados. De igual modo, la respuesta de los llamados mercados no se ha hecho esperar y las acciones de la entidad, que hasta ayer tenían menos valor que un euro griego, rebotaron y subieron hasta un 20% en una sesión.

Los españoles estamos aprendiendo economía a marchas forzadas. Conceptos como el “corecapital”, la “deuda soberana” o la “deflación” forman ya parte del conocimiento popular y se dejan escuchar con total naturalidad en el taxi, el bar o la cola de la panadería. Hasta Belén Esteban las suelta con naturalidad mientras intenta aprender a colgarse de una barra de striptease. Y es que, al final, esto es lo que nos queda. España solo es fértil en premios Nobel de literatura y en el resto de los campos nuestro palmarés se limita a dos de medicina, uno de ellos compartido con los norteamericanos (ya que ellos pagaban los experimentos de Severo Ochoa, el mérito consideran que es suyo).

Sin embargo, desde ahora hay toda una legión de candidatos a obtener el galardón en Economía y lo mejor es que no son alumnos de Yale ni de Oxford, ni tan siquiera de la Universidade de A Coruña, los candidatos son ciudadanos capaces de sobrevivir con salarios minúsculos a una hipoteca, los plazos de coche, el cole del nene, las cañitas del viernes por la tarde e, incluso, de cuando en cuando, llenar el depósito del utilitario y hasta comer.

Millones de españoles han demostrado su valía para ser distinguidos con un Nobel, o cuando menos, con alguna dirección general en una agencia de calificación.

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