El Caudillo

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Cuando el otro día una amiga me enviaba un guas con un texto en donde se podía leer las preguntas de si ¿Franco era socialista y qué dabas más miedo, el poder o el dinero? Mi contestación fue que el poder sin duda es más peligroso. Puedes tener un montón de parné en la cuenta corriente, que si eres un gañán al nacer, mueres siendo un gañán. Eso no da la clase, con eso se nace. Me preguntaba esto porque no daba crédito a todo lo que estaba viendo alrededor, un grupito de hombres de negro, que  hacen  del obscurantismo su modo de vida y  que su defensa de la transparencia no es tal.  Esta amiga Relataba  como las mujeres hemos retrocedido en derechos a base de poder y mala praxis. Quizás la vida de estos hombres, aburrida, oscura y llena de intimidaciones a las mujeres, les llene de orgullo y satisfacción, (anda frase del rey emérito), que ven su alter ego elevado de machito cabrío ante los otros, muchos a sueldo, (lo dicen los boletines). Y en estos encuentros de testosterona,  ellos sacan pecho, y se ríen “outra fora e as outras baixo control”.es lo que tiene el poder, que algunos lo usan únicamente para destruir y en su propio beneficio. Estos son los que hace años apañaban con el PP porque  querían gobernar a toda costa, amparándose en burradas como, “Patxi López lo hizo” claro, pero él  lo hizo para luchar contra el terrorismo y no para gobernar un concello.  Ahora parece que lo vuelven a apoyar, aunque todo bajo una maniobra sibilina, para no levantar muchas  ampollas entre sus adeptos que cansados ya de tanto mangoneo, se empiezan a cansar.
Por eso me sigue carcomiendo la duda del guas. Franco era, sin duda, un dictador, pero ¿acaso no los sigue habiendo ahora?
  En el 1940 el  generalísimo se afianzó mediante la represión política y económica de los opositores basada en la autarquía, y siempre consideró su propio mandato como “vitalicio”. De hecho, en uno de sus momentos más bajos, declaró enfáticamente a un destacado general en una conversación privada: “Yo no haré la tontería de Primo de Rivera. Yo no dimito, de aquí al cementerio”. No seré yo quien los juzgue, no seré yo quien les haga la ola, y tirando de guas para concluir, cito el de  un amigo que dice: “prefiero ser nadie a mi manera, que un lameculos para ser alguien”.

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