“La carne hecha metáfora”. La metáfora hecha libertad

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A la memoria del profesor y poeta Sergio Vences,

maestro y compañero en el sueño de las palabras

y de la libertad.

 

Quiero dedicar íntegramente el artículo de esta semana a un libro: “La carne hecha metáfora: la metaforicidad constituyente del mundo”, editado por Bellaterra y firmado por el profesor de filosofía de la UDC, Juan C. Couceiro-Bueno. Es excepcional, en nuestros días y en nuestro idioma, el toparnos con una contribución de semejante nivel dedicada al crucial tema de la metáfora y a su pertinencia en la fundamentación de la realidad.

El ensayo, a sotavento de los aires “à la mode” y del grisáceo cielo intelectual del país donde ha sido editado, trasciende por completo una visión “técnica” del tema y aborda sin rebozo el suelo nutricio del lenguaje, para desmontar pacientemente y con brillantez todos los tópicos que nuestra época ha ido sedimentando con respecto de la verdad científica y de la objetividad de la vida. La única verdad que existe y que merece la pena que vivamos, nos dirá el autor, “es una experiencia de verdad”. Lo demás –sigo parafraseando al profesor Couceiro– es debilidad y miedo a la muerte.

La metáfora aparece como un asunto tanto más acuciante cuanto que la época ha ido convirtiendo el lenguaje en un puro instrumento de comunicación. Una de las grandes tesis expuestas en el libro es que la metáfora es el único acceso dado al hombre para acceder a su experiencia mundana. En dicha experiencia, el aspecto comunicativo no es sino un aspecto subordinado y marginal, y nunca la garantía de que el hombre sea lo que es: en primer lugar, lenguaje poético. Este amplio marco interpretativo involucra algunos sectores del conocimiento específico. En el libro aparecen tres de manera más ostensible: la lingüística, la antropología y la psicología. Sobre esta última, en la que el autor es también licenciado, no se escatima la importancia y se llega a decir hacia el final del libro que una pretensión de fondo de la obra “es llamar la atención sobre el irrenunciable -o inevitable- encuentro de la psicología cognitiva con la tradición hermenéutica en particular”. La tesis es audaz y supone que lo que la psicología ha llamado mente, para resguardar bajo esa mención supuestos hechos de la verdad, no es más que otra metáfora que permite que “nuestro cerebro se exprese en el mundo a través del lenguaje”.

El autor dialoga y defiende la tradición continental de la filosofía (Nietzsche, Heidegger y Gadamer, entre otros). Pero esta “conversación en familia” no le impide mantener una serena velada de discusión con los huéspedes de la tradición analítica (Searle, Tarski o Hempel, por solo citar tres ejemplos de los muchos que aparecen a lo largo del libro). Es una bella virtud el hábito del hermeneuta de hablar con los que no piensan como él, algo que desgraciadamente no suele ocurrir a la inversa. De hecho, me ha resultado irónico leer sobre filosofía de la ciencia y sobre psicología en un libro de hermenéutica, cuando no recuerdo ninguna referencia a la hermenéutica en conferencias y clases de filosofía de la ciencia, psicología social o sociología, celebradas bajo la égida de una facultad de humanidades como la de Ferrol. Ese carácter monológico, autoritario y reacio a cualquier otra posibilidad discursiva y vital, que yo mismo pude “ver escuchando”, hace para mí todavía más importante el que no pase desapercibida esta obra sobresaliente e insólita en el panorama intelectual hispano de nuestros días, en una ciudad donde aún sobrevive a duras penas una facultad de humanidades.

Resistan lo que resistan unos estudios asediados por poderosos enemigos, algunos de los cuales viven en su propio interior, estamos seguros de que continuarán por otros caminos, pues muchos intuyen –más en estos tiempos de crisis– que los “expertos” solo fabrican indolentes y falsas respuestas que no enriquecen un ápice la vida.

El oportuno libro del profesor Couceiro nos recuerda la matriz retórica de las humanidades. Ellas pervivirán en su morada lingüística y en el vuelo metafórico del espíritu. ¿Hacia dónde irán? Tampoco hay aquí certezas, pero su viaje ya nos dice algo importante. Leo en “La metáfora hecha carne”: “comprender es realizar un relato congruente (…) La misma oportunidad de relatar algo, de contar algo, es ya un acto de verdad”. Yo añado: y de libertad.

“La carne hecha metáfora”. La metáfora hecha libertad