REFORMAS EN LA EDUCACIÓN

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Anunció el ministro de Educación la semana pasada una nueva reforma educativa que contempla, entre otras medidas, la reestructuración del bachillerato y la ESO, la apuesta por el inglés, un mayor control de conocimientos para recuperar el mérito y el esfuerzo y la sustitución de la controvertida Educación para la Ciudadanía por Educación Cívica y Constitucional, que fue la que llevó los grandes titulares aunque sea la parte menos relevante de la reforma, porque cabe la posibilidad de que se trate de un simple cambio semántico que se presenta como la voladura de uno de los estandartes del zapaterismo.

Sobre materia tan sensible como la educación son muchos las personas que se preguntan por qué todos los gobiernos sucumben al síndrome de Penélope que por fidelidad a su amado Ulises destejía de noche lo que tejía de día. En cuanto tocan poder lo primero que hacen es deshacer el manto educativo que, con aciertos y errores, había confeccionado el Gobierno anterior para sustituirlo por su propio modelo de enseñanza.

La educación no es de derechas ni de izquierdas, es la garantía de futuro para nuestros hijos que trasciende al corto plazo de una legislatura

 

También se preguntan muchos ciudadanos qué mal fario acompaña a los políticos de este país que supieron salir de la dictadura, aprobar la Constitución y realizar una transición modélica a la democracia, pero no son capaces de llegar a un acuerdo de mínimos en una reforma educativa que dote a los escolares de competencias –conocimientos, destrezas y habilidades– para desenvolverse en el mundo actual y para competir en una sociedad globalizada en igualdad de condiciones con sus colegas de los países de nuestro entorno. Esta de ahora es la novena reforma educativa y los resultados de las ocho anteriores son aterradores: el fracaso escolar roza el treinta y dos por ciento, los padres, más que colaborar, descargan toda la responsabilidad en los centros haciendo una dejación de funciones educativas de sus hijos, y los profesores, de profesionalidad contrastada y fundamentales en el contexto educativo, están quemados porque cuando no son agredidos por alumnos y progenitores son desautorizados o recriminados por el sistema que solo se ocupa de ellos para plantearles nuevas exigencias con menos medios.

La educación no es de derechas ni de izquierdas, es la garantía de futuro para nuestros hijos que trasciende al corto plazo de una legislatura o a la raquítica visión de un solo partido político. Por eso requiere más estabilidad y sosiego y necesita mucho consenso.

REFORMAS EN LA EDUCACIÓN