RETORCER EL IDIOMA

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El académico de la Lengua Ignacio Bosque y otros veinticinco  colegas –hombres y mujeres– de la docta institución han desmontado sin piedad la cruzada promovida fundamentalmente por instancias políticas y culturales de la izquierda y el feminismo para implantar un uso no sexista del lenguaje y que se había ido plasmando en una serie de guías lingüísticas redactadas al efecto.
La pretensión de todas ellas era, en principio, loable: visibilizar a la mujer también en el idioma. Pero al confundir la gimnasia con la magnesia, es decir, el sexo con el género y la biología con la gramática, los desencuentros que se han ido produciendo entre esa intención y el resultado lingüístico han derivado no pocas veces en lo absurdo y en lo ridículo. Como dicen los académicos, si se aplicaran las directrices propuestas, no se podría hablar.
En realidad, el informe del que ha sido ponente o redactor principal el profesor Bosque no dice nada que no figure ya en la gramática castellana o en el Diccionario de dudas, glosario este que ya en su momento alertaba del acoso feminista por cambiar el uso racional del lenguaje por otro más políticamente correcto, pero contrario al principio de economía propio de las lenguas.
A las viejas generaciones ya en la escuela nos decían que el masculino gramatical no sólo se empleaba para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase; esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos. Triste es que la Academia nos lo tenga que recordar ahora y que reitere que el uso genérico del masculino no entraña discriminación, sino que responde a un  mecanismo común a todos los idiomas, cual es la economía en la expresión.
A juicio también de los académicos, no tiene sentido impulsar políticas normativas que separen el lenguaje oficial del real. El problema, no obstante, es que a base de escuchar en todos los informativos de todas las cadenas de radio y televisión, en los más variopintos foros, en todas las intervenciones parlamentarias y en todos los actos políticos y sindicales los cansinos y repetitivos desdoblamientos os/as, estos llegan a ser asumidos e incorporados al lenguaje común. Del “hacer oficial lo que es real” se nos ha puesto en el disparadero de  “hacer real lo que es oficial”.
Más que verosímil resulta, pues, una anécdota contada estos días, según la cual cuando una profesora sustituta de música de Primaria invitó en una clase “a todos los niños” a cantar, las chicas se quedaron calladas. Estaban habituadas a que la profesora titular hablara siempre de “niños y niñas”. Y es que como en tantos otros aspectos de la vida, la fuerza de la costumbre tiene una enorme influencia en los usos lingüísticos.

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