PUDOR MADE IN USA

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El recato está de moda en Estados Unidos. Los americanos, tan ejemplares ellos, espejo en el que se mira el resto del planeta, se han propuesto ahora dar lecciones de decoro. Porque pueden. El país de las conejitas Playboy y de las series de adolescentes precoces que a los diecisiete tienen una lista de amantes que Mata Hari envidiaría se preocupa de que la televisión y los quioscos no muestren gestos obscenos ni imágenes que puedan sonrojar.

Los censores estadounidenses, de Apple, para más señas, le han dado unos azotes a nuestra revista Muy interesante junto con una reprimenda por enseñar cosas que hacen que alguna madre de Missouri se lleve una mano a la boca para ahogar un gritito de escándalo y con la otra le tape los ojos a su pequeña. Esto es, una portada con un titular que incluye la palabra pene y una fotografía de un hombre cubriéndose sus partes íntimas con las manos. Gran escándalo que merece que la distribución del número en la aplicación del iPad esté congelada. Y eso después de que la editora remitiese una nueva versión con la foto del modelo cortada por la cintura y la palabra fatídica eliminada. Ellos son así. Llevan de la mano a sus hijos de nueve años a comprar un arma y se preocupan más si el crío le da un beso en la mejilla a una compañera de clase que si posa desafiante ante una cámara empuñando una escopeta. No aprueban el reclamo de la revista española a un artículo de divulgación científica, pero empapelan la nación con una publicación femenina en la que llama la atención una actriz embutida en un vestido que no entraría precisamente en los ránking de más elegantes junto al texto estrella del mes: las cincuenta mejores posturas sexuales.

Lo saben los artistas, que se esmeran en dejar boquiabierto al público, aunque sea levantando el dedo corazón a modo de despedida

 

En plena racha puritana, el país de las contradicciones celebra estos días lo que parece que ha convertido en una tradición: hacer un mundo de lo anecdótico de la Super Bowl. El espectáculo con el que se ameniza el descanso del partido, casi tan esperado como el propio juego, es el escenario perfecto para conseguir publicidad.

Lo saben los artistas, que se esmeran en dejar boquiabierto al público, aunque sea levantando el dedo corazón a modo de despedida. Por esa peineta de una cantante británica han pedido disculpas tanto la cadena de televisión que retransmitió el evento como la liga de fútbol americano. Ambas condenan el gesto, que, por sus explicaciones, cualquiera diría que es la ofensa más grande jamás vista.

Y el mismo día en que llueven las críticas por este incidente, algunos de los diarios norteamericanos más relevantes publican extractos de la biografía de una exbecaria de la Casa Blanca que explica sin un atisbo de rubor sus encuentros amatorios con John F. Kennedy. Sorprendentemente, la Lewinsky de los años sesenta no es motivo de turbación; quizá lo suyo se consideren datos históricos.

Quien les entienda que los compre.

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