Del doctor, ¿es grave? Al doctor, ¿es caro?

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Afirmaba Voltaire que “si los pobres empiezan a razonar todo está perdido”. En esta frase subyace la base de la arrogancia ideológica de la derechona que nos gobierna, decidida a seguir ejecutando su programa oculto contra las clases trabajadoras, en particular, y las clases medias, en general, mientras unas y otras no sean plenamente conscientes de que el miedo y la apatía imperantes ni van a devolverles a sus hijos los derechos perdidos ni van a frenar la avaricia sin límites de quienes pretenden que la crisis la paguen solo los de siempre. El lenguaje hipócrita de esa derechona sin patria ni compatriotas quiere seguir predicando el viejo consejo que encerraban las palabras del Generalísimo “usted haga como yo y no se meta en política”. El PP de hoy, como la derechona más rancia de ayer, sigue felicitándose por su desprecio hacia la política, buscando la consolidación de tópicos sesgados como el de “todos son iguales” que hieren de muerte la libertad y la democracia. Porque si todos somos iguales, entonces para qué molestarse en elegir. Y el PP lo sabe, lo mastica, lo traga y lo vomita con total desprecio sobre la capacidad crítica de toda la sociedad. Porque prefieren borregos. De ahí la decisión improrrogable de Rajoy de cargarse la educación universal, pública y gratuita. Solo así podrá seguir escupiéndonos recortes, repagos, dolor y empobrecimiento. Porque lo que está haciendo el PP es bien sencillo: compensa las pérdidas millonarias de los banqueros causantes de la crisis con el dinero de todos, disparando un déficit público que ahora solo quiere reducir con recortes de derechos y servicios a los ciudadanos. Es decir, transfiere patrimonio de las clases bajas y medias a las más ricas para que éstas sigan siendo igual de ricas a pesar de la crisis. De manera que con la crisis todos somos más pobres, menos las clases altas que son igual de ricas o más por la sola decisión del PP. La brecha social ya es inmensa. Y ahora amenaza también a los pensionistas y a los más enfermos. Pronto dejaremos de preguntar si nuestra enfermedad, o la de nuestros hijos, es grave para preguntar si su tratamiento es caro. Ningún gobierno llegó tan lejos. Urge echarlos por salvajes.

Del doctor, ¿es grave? Al doctor, ¿es caro?