Un Parlamento vacío

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Afalta de que la Junta Electoral Central confirme negro sobre blanco lo que se va adelantando a través de congresos, presentaciones y reuniones varias, las del próximo mes de octubre parece que serán las elecciones más divertidas, por eso de lo variado, de cuantas se han vivido en Galicia desde el advenimiento de la democracia.

En ellas, los ciudadanos podrán elegir entre un banquero condenado y redimido y el “eterno” Beiras (que dirán aquellos que criticaban que Manuel Fraga siguiera siendo candidato a los 80 años) coaligado con Izquierda Unida (la del centro de decisión en Madrid) y enfrentado a un Bloque más de la UPG que nunca, pero en el que faltan los viejos coroneles.

También está Feijóo, que busca recuncar; Pachi Vázquez, que se supone que aspira a que, por lo menos, le voten los suyos y, por haber, hasta hay un coruñesista (Carlos Marcos), que se atreve a pedir el voto a los santiagueses después de recordar todo lo que ellos reciben a costa de quitárselo a los herculinos.

Y todo esto sin tener en cuenta los que reafirman su Compromiso por Galicia llevándolo a su nombre, y hasta las huestes de Rosa Díez, que buscan colarse en el Pazo do Hórreo como ya hicieron en Madrid. Si a esto se le suman verdes, humanistas, comunistas de los de toda la vida y hasta falangistas de esos de los auténticos, la empanada de nombres, símbolos y papeletas a las que se enfrentan los gallegos es de las que harán historia.

Resulta complicado comprender cómo, si el de político es uno de los oficios más degradados del país, existen tantas personas dispuestas a inmolarse en aras del bien común prestando su nombre y su cara para figurar en las listas.

Por haber hasta hay el partido que propugna la abstención y que juega con clara ventaja, puesto que o mucho cambian las cosas o ellos serán los claros ganadores de unos comicios que no llegan en el mejor de los momentos.

Desde luego, si se dejaran escaños sin cubrir en proporción a los gallegos que se quedarán en casa en lugar de acudir a las urnas, el recorte de diputados que propugnan Feijóo y el PP se haría totalmente innecesario. Es más, a lo peor hasta tenían problemas para encontrar suficientes diputados con los que llenar la mesa del Parlamento.

Un Parlamento vacío