NOS TIENEN PERPLEJOS

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Eso cuenta Fernández, edil del excelentísimo ayuntamiento coruñés, al ver en la misma sala de sesiones a los concejales socialistas, puesto que, dice el edil popular, tenían que dimitir por culpa de la conocida como “Operación Relámpago”.

Analizado el caso nos lleva a preguntar si los miembros y miembras (retomando el discurso del ministro Montoro) del Partido Popular en las administraciones están o pasan simplemente de lado…

Y es que, a pesar de buscar en las actas, no encontramos en este caso y otros muchos (¿les suena el edificio Fenosa?) sus protestas reflejadas sobre el papel o su indignación y perplejidad mostrada ante los juzgados para que sustancien el asunto… y, otra vez, nos preguntamos si están a setas o a rolex o a vuittons, para poner ejemplos más clarificadores.

No vale decir que la oposición tiene menos medios, que es verdad, o que su poder es menor –que también es cierto–, pues tienen el derecho y el deber de investigar y la obligación de revisar todos los papeles que por allí circulan, así como la posibilidad de votar en contra razonando el rechazo a las propuestas de la mayoría gobernante.

Recordando, recordando, durante la etapa de Francisco Vázquez, donde se llevaron a cabo decisiones urbanísticas polémicas, los votos de la derecha refrendaban aquellas acciones de tal forma que era difícil distinguir quiénes estaban al mando del concello… hay múltiples pruebas en las hemerotecas para que podamos ahorrar en ejemplos

También es válida, aunque no puede ocultar la realidad del “caso Relámpago”, la reacción de los socialistas al meter en el dedo en el ojo de la Xunta, que tiene que hacer frente a una copiosa indemnización en el Parque Ofimático.

Lo que sí deja perplejo al personal de a pie –sea todos, menos concejales, conselleiros, diputados, registradores de la propiedad y otras clases activas– es que no alcance la ley de plazos (esa que aplauden el Gobierno, las autonomías y los ayuntamientos) a los que pagamos el impuesto de circulación, el IBI y otras tasas a las administración que nos penan.

Y es que parece una coña la alegría de los que cobran puntualmente su largo y ancho sueldo público mientras dejan a deber –o recorta– las nóminas a los funcionarios o aplazan y aplazan los pagos a proveedores y otros desgraciados.

Y nadie se queja.

¡Eso sí que nos tiene perplejos!

NOS TIENEN PERPLEJOS