¿GIBRALTAR ESPAÑOL?

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Anda el ministro de Exteriores entretenido estos días con el conflicto de las aguas del Peñón. El arranque chulesco del Gobierno vecino ha permitido a Margallo agitar la bandera rojigualda al grito de Gibraltar español, para regocijo de patriotas anhelantes de batallitas que contar en primera persona.

El hombre se coloca la careta de valiente y saca pecho. Defenderemos a los pescadores españoles del hostigamiento intolerable de la Policía gibraltareña. Y reclamaremos, una vez más, la soberanía de ese trozo de tierra que nos arrebató la Pérfida Albión hace trescientos años y nunca hemos sido capaces de recuperar. Temblando están en Londres.

Leí hace poco que Gibraltar es de quien sabe defenderlo. Y llevamos siglos sabiendo quién es. Tan sencillo como preguntar a sus habitantes a quién quieren más

Es de agradecer un mínimo de reacción por parte de los que mandan ante el atropello extranjero. Habrá quien interprete que se lo han tomado como una afrenta personal: para quitarle el trabajo a los españoles ya estamos nosotros, que no vengan los de fuera a apropiarse de nuestras competencias. O quizá están necesitados de un éxito. Aunque parece que no han calculado las posibilidades. Que Margallo no es Trillo y Gibraltar no es Perejil.

En cualquier caso, es un detalle que intenten plantarle cara a los abusones. Poco tienen de refinamiento británico las patrulleras que acosan a los pesqueros de La Línea. Agitando el mar y chocando sus cascos con los de las embarcaciones de la Guardia Civil. Con la Royal Navy de amenazante espectadora. Será que los tiempos cambian y solo quedan caballeros en las novelas. La cosa no pinta bien. Un roce mal medido, un hombre al agua, un disparo al aire, o algo peor. Quiera la suerte que no haya una desgracia, porque mucho me temo que la firmeza española que tanto se nombra en vano será entonces para hundir al pobre agente que cumplía órdenes. Que nos conocemos. Y lo nuestro es agachar la cabeza y plegarnos al interés económico. El orgullo se traga, pero no da de comer. Y es mucho lo que tenemos que perder si rompemos relaciones con el Reino Unido.

Por eso tampoco llegaremos a nada en el asunto de la soberanía. Y porque no nos lo merecemos. Leí hace poco que Gibraltar es de quien sabe defenderlo. Y llevamos siglos sabiendo quién es. Tan sencillo como preguntarle a alguno de sus veintiocho mil habitantes a quién quieren más. No se les puede culpar, los números hablan. Y aunque a alguno le guste pensar que la sangre española sigue corriendo brava por las venas de las gentes del Peñón, la realidad es otra. Algo queda, pero poco. Hace unos años crucé un par de palabras con dos llanitos, morenos, de pelo ensortijado y desparpajo andaluz. En un momento de la conversación, hablando de planes y fechas, uno le preguntó al otro: “Quillo, ¿cómo se dice thursday?”. Pues eso, que Gibraltar de español apenas tiene el recuerdo.

¿GIBRALTAR ESPAÑOL?