Niñas esclavas

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De África, de piel negra, y lo que es incluso peor, niñas. Las tienen todas para no ocupar una portada en toda su corta vida, pero, contra todo pronóstico, parece que la desgracia de las 200 secuestradas por el grupo islamista Boko Haram en Nigeria ha encontrado un hueco en los abotargados medios del mundo occidental. 
Buena culpa de ello la tienen las redes sociales que, además de para que te felicite el cumpleaños gente con la que no hablas jamás y para generar tortícolis de no levantar la vista del móvil, sirven también para denunciar injusticias que, por falta de tiempo o de papel, no encuentran el hueco suficiente en los periódicos. 
En el mundo más global que jamás pudimos imaginar, nos cuesta enterarnos de las noticias que suceden del trópico de Cáncer hacia abajo. Logramos que el vídeo del perro que gruñe la alineación del Barça dé la vuelta al mundo en menos de dos horas pero somos incapaces de recabar información veraz de lo que pasa en la mitad sur del planeta. 
Los secuestros y asesinatos de periodistas occidentales, además de los recortes, la mala situación económica y lo carísimos que salen los seguros hacen muy complicado tener corresponsales en la zona. 
La población bastante tiene con buscar cobertura sanitaria como para ponerse a buscar cobertura de móvil, si es que lo tienen. Y, ya saben, lo que no sale en nuestra tele de plasma no existe. 
Hasta que los internautas se lo proponen y logran que un tema sea Trending Topic; entonces la noticia ya pertenece a la mitad del planeta que tiene derecho a opinar y puede pasar a la agenda de la prensa europea. 
En la época frívola que viven los medios –no hay más que consultar la lista de los temas más leídos en cualquier diario digital–, parece ser más noticia que Michelle Obama salga con un cartel condenando el secuestro que la propia tragedia en sí. 
Hemos tardado más de un mes en enterarnos del secuestro, pero sabíamos que George Clooney se casaba antes incluso que él mismo. 
La prensa del corazón nos ayuda a olvidarnos de las desgracias, pero quizás deberíamos saber con antelación que existen. 
Para llegar hasta nosotros, el sufrimiento de las niñas raptadas en Nigeria tiene que saltar dos fronteras, una física y otra mediática. No es que no haya periodistas en África, es que no hay periodistas blancos. 

Niñas esclavas