“Nosotros, el pueblo”

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Cada vez que nos juntamos para inaugurar una presidencia, somos testigos de la perdurable fortaleza de nuestra Constitución”. Fueron las primeras palabras del presidente Obama en el emotivo discurso que pronunció después de jurar su cargo para su segundo mandato en la presidencia de los Estados Unidos.

Con el hilo conductor de “nosotros, el pueblo”, apeló a la unidad y al patriotismo de los estadounidenses, e invocó la igualdad de todos los americanos, la solidaridad que protege a los más vulnerables, la prosperidad, la fortaleza de la democracia, y trazó un programa de las tareas que “tenemos que hacer juntos” hoy y pensando en las nuevas generaciones. “Ahora más que nunca tenemos que avanzar unidos como un pueblo y una nación”.

Fue un acto espectacular, una ceremonia patriótica y de unidad nacional en la que el presidente, trascendiendo al partido al que pertenece, habló para todos los americanos de los desafíos y de los retos que le esperan en el nuevo mandato.

¿Es imaginable aquí, en esta España autonómica, una ceremonia similar, de fervor patriótico en torno a la nación? Imaginable sí, porque dejar volar la imaginación es gratis. Pero es imposible. La historia de toda nación es un vasto sistema de integración, dice Mommsen en la “Historia Romana”. Pero todo indica que en la nación española de hoy se está produciendo el proceso inverso, un “intenso sistema de disgregación”. Que está empezando por Cataluña, cuyo parlamento aprobó una declaración de soberanía, dicen que como paso previo a la independencia, justo dos días después de que se escucharan los himnos y canciones patriótica en Washington.

Hay más signos de disgregación. Un país como el nuestro en el que la bandera se retira de edificios oficiales y muchas veces se quema de forma ritual, en el que cada año se abuchea el himno nacional en presencia del Jefe del Estado o en el que muchos nacionalistas hablan de España con desprecio, no parece que esté movido por un “proyecto sugestivo de vida en común”, como diría don José Ortega.

Estamos, por tanto, en las antípodas del orgullo nacional del que hicieron gala los americanos el lunes pasado. Impresionaba ver a tanta gente enfervorizada en la explanada del Capitolio y daba sana envidia ver la unión de la inmensa nación americana en torno a la idea de país, respetando las diferencias, las peculiaridades y los derechos de cada uno de los estados que lo integran. Un vivo contraste con las 17 autonomías que, en palabras de El Roto, son “demasiadas naciones para tan poco Estado”.

“Nosotros, el pueblo”